Mirada cuántica a la longevidad

Vivir más no será suficiente si no aprendemos a habitar mejor el tiempo que la vida nos ofrece.

Mirada cuántica a la longevidad. Prologar vida para ampliar conciencia.

Amortalidad Real: añadir conciencia a una vida más larga

Hablar hoy de longevidad ya no pertenece únicamente al terreno del mito. La ciencia, la medicina regenerativa, la biotecnología y los nuevos modelos de optimización de la salud están abriendo un horizonte en el que vivir más tiempo, y hacerlo con una funcionalidad física, sea una realidad. La cuestión, por tanto, quizá ya no sea solo si podremos vivir más años, sino qué tipo de vida interior será capaz de habitar ese tiempo “añadido”.

Porque una vida más larga no garantiza una vida más consciente. Un cuerpo funcional durante más tiempo no asegura, por sí solo, que la persona sepa sostener ese tiempo con claridad, sentido, presencia y equilibrio. Podemos prolongar funciones, optimizar parámetros, mejorar tejidos, preservar movilidad o retrasar deterioros, pero seguirá existiendo una pregunta fundamental: ¿desde dónde va a vivir el ser humano esa ampliación de su existencia?

Ahí aparece una posibilidad interesante. No se trata de oponerse al avance científico ni de convertir la longevidad en un problema moral. Se trata, más bien, de añadir una dimensión que a menudo queda en segundo plano: si el cuerpo puede vivir más, también necesitaremos entrenar la conciencia que lo habita.

La funcionalidad física como primer nivel

El primer nivel parece evidente. Si queremos vivir más años, el cuerpo necesita sostenerse. Necesita fuerza, movilidad, resistencia, equilibrio, coordinación, descanso, alimentación, respiración y capacidad de recuperación. La actividad física regular se asocia con beneficios físicos y mentales ampliamente reconocidos, entre ellos la prevención y gestión de enfermedades, la mejora del bienestar general y la reducción de síntomas de ansiedad y depresión…

Pero incluso aceptando esta base, conviene hacer una distinción. Una cosa es entrenar el cuerpo para que funcione y otra es entrenar la relación que mantenemos con el cuerpo que funciona. Muchas veces el entrenamiento físico queda reducido a rendimiento, estética o mantenimiento: cuánto peso levanto, cuánta grasa pierdo, cuánto corro. Todo eso tiene valor, pero no agota la experiencia corporal.

El cuerpo no es solo una estructura biológica que debe mantenerse operativa. También es un espacio de percepción, un lugar donde se expresan tensiones, emociones, pensamientos, creencias, automatismos y formas aprendidas de relacionarnos con la vida. Por eso, si hablamos de longevidad, quizá deberíamos empezar a hablar también de una ampliación del entrenamiento físico: no para sustituirlo, sino para completarlo.

Entrenar no solo para durar, sino para habitarse

Hay una diferencia profunda entre moverse y observarse mientras uno se mueve. Podemos caminar treinta minutos y no haber estado presentes casi en ningún momento; podemos levantar peso y seguir atrapados en la misma conversación interna de exigencia, comparación o rechazo; podemos respirar técnicamente mejor y, aun así, no utilizar la respiración como una vía real de regreso al centro.

Sin embargo, también puede ocurrir lo contrario. Una caminata puede convertirse en un espacio de escucha, una sesión de fuerza en una experiencia de afirmación interna, una respiración en un gesto de reorganización y una repetición muscular en una señal dirigida al sistema entero: “estoy aquí”, “me sostengo”, “puedo reconstruir mi relación conmigo”.

Esta es una de las claves del entrenamiento cuántico entendido en un sentido amplio. El movimiento no se limita a producir adaptación física, sino que puede convertirse en una vía de observación, integración y reprogramación de la experiencia interna. No porque el cuerpo obedezca mágicamente a una frase, sino porque cuerpo, atención, respiración, palabra y repetición forman parte de un mismo sistema de aprendizaje.

Lo que repetimos, nos organiza. Lo que atendemos, se fortalece. Lo que encarnamos deja de ser únicamente una idea y empieza a convertirse en experiencia.

La dieta mental: lo que entra en la mente también nos entrena

Cuando se habla de longevidad, se suele hablar de dieta física: qué comemos, qué evitamos, qué nutrientes favorecen la energía, la inflamación, el metabolismo o la recuperación. Pero pocas veces se habla con la misma claridad de la dieta mental, aunque la mente también se alimenta de imágenes, conversaciones, noticias, comparaciones, recuerdos, expectativas, miedos, objetivos y palabras.

En el ámbito del desarrollo personal, Brian Tracy popularizó la idea de la “dieta mental”: cuidar lo que dejamos entrar en la mente, especialmente al inicio del día. Más allá del autor, la intuición es valiosa: la mente también se alimenta.

No podemos pretender una vida más consciente si cada mañana entregamos la mente al ruido. No podemos cultivar bienestar si el primer alimento del día es comparación, urgencia o dispersión. La dieta mental no consiste en negar la realidad ni en repetir frases bonitas para evitar el dolor, sino en asumir una responsabilidad sencilla y profunda: cuidar aquello que dejamos entrar en nuestro campo de atención.

Porque la atención, al repetirse, se convierte en dirección. Y la dirección, cuando se sostiene, empieza a construir hábito.

La repetición crea camino

Conviene ser rigurosos con este punto. Durante mucho tiempo se ha popularizado la idea de que un hábito se crea en 21 días. Esa cifra puede ser útil como símbolo, como marco de compromiso o como estructura inicial de práctica, pero la investigación sobre formación de hábitos muestra que el proceso es más variable. El estudio de Phillippa Lally y colaboradores observó que la automaticidad aumenta con la repetición en contextos estables, aunque el tiempo necesario cambia según la persona y el comportamiento.

Esto no invalida la utilidad de un hábito mental, físico o global de 21 días. Veintiún días quizá no basten para automatizar por completo una nueva forma de pensar, sentir o actuar, pero pueden ser suficientes para abrir un surco, iniciar un patrón y mostrar al sistema que existe otra manera de empezar el día, ordenar la mente y relacionarse con uno mismo. 

Dicho de forma sencilla: si cada mañana respiro, leo algo que eleva mi estado, escribo una intención, camino con una frase clara y actúo desde esa dirección, no solo estoy “haciendo cosas”. Estoy enseñando al sistema una nueva secuencia. Estoy creando un camino. Y el cuerpo aprende caminos.

Afirmaciones: Salir del eslogan y buscar dirección llevando la palabra al cuerpo

Las afirmaciones positivas suelen moverse entre dos extremos. A veces se presentan como fórmulas mágicas y otras veces se rechazan por parecer ingenuas. Pero entre ambos extremos existe un espacio más serio: una afirmación puede tener valor cuando se convierte en una declaración repetida, sentida y vinculada a una acción concreta.

No es lo mismo decir “estoy fuerte” mientras vivo desconectado del cuerpo, que repetir “me sostengo” durante una serie de fuerza bien ejecutada, respirando con atención, sintiendo la postura y reconociendo que, en ese instante, el cuerpo está generando una experiencia real de sostén. En ese caso, la frase no flota; se permite integrarse en la biología.

Esto permite entender mejor el uso de la palabra dentro del entrenamiento. No se trata de repetir cualquier cosa, sino de elegir palabras que conecten con valores reales, que no nieguen la dificultad, pero que tampoco entreguen la identidad a ella. Frases como “mi cuerpo responde”, “estoy aprendiendo a habitarme mejor” o “cada repetición fortalece mi relación conmigo” pueden orientar la autopercepción cuando se integran en una experiencia corporal concreta.

Y la autopercepción importa, porque muchas veces no actuamos desde lo que somos capaces de hacer, sino desde lo que creemos que somos capaces de hacer.

Creencias, biología y entorno interno

Hablar de creencias y biología exige cuidado. No podemos afirmar de forma simplista que cualquier pensamiento cambia directamente el cuerpo de manera inmediata, porque eso reduciría un proceso complejo a una fórmula demasiado fácil. Pero tampoco podemos seguir hablando del cuerpo como si estuviera separado de la percepción, el estrés, la conducta, el entorno y los hábitos.

La epigenética ha mostrado que los comportamientos y el ambiente pueden influir en la forma en que los genes funcionan, sin modificar la secuencia del ADN. En términos sencillos, no hablamos de cambiar los genes, sino de modificar algunas condiciones que pueden favorecer o inhibir su expresión. Esta idea permite entender mejor por qué el descanso, la alimentación, el estrés, el movimiento, el entorno emocional y los hábitos cotidianos no son elementos secundarios, sino parte activa de nuestra biología. En una línea más divulgativa y expansiva, Bruce Lipton ha contribuido a popularizar la idea de que la percepción del entorno y las creencias participan en la relación entre conciencia, biología y comportamiento, especialmente en La biología de la creencia.

La forma rigurosa de integrar esta idea no sería decir: “piensa distinto y tu cuerpo cambiará automáticamente”. Sería más preciso decir que, si una creencia modifica mi conducta, mi respiración, mi nivel de estrés, mis decisiones, mis relaciones, mi descanso, mi alimentación y mi constancia, entonces esa creencia acaba participando en mi biología. No como hechizo, sino como patrón.

Una creencia repetida puede convertirse en postura. Una postura repetida puede convertirse en tensión. Una tensión sostenida puede modificar la respiración. Una respiración alterada puede influir en el sistema nervioso. Y un sistema nervioso en alerta puede condicionar el descanso, la recuperación y la forma en que tomamos decisiones. También puede ocurrir al revés: una nueva creencia, si se acompaña de respiración, movimiento, atención y experiencias repetidas de coherencia, puede empezar a abrir otra respuesta.

No porque lo pensemos una vez. Sino porque lo entrenamos, esta es la clave.

Añadir conciencia a la mejora física

Ante un futuro donde la mejora física puede ocupar cada vez más espacio, quizá conviene proponer una ampliación. No basta con entrenar para mantener masa muscular, conservar movilidad u optimizar parámetros, aunque todo eso sea necesario. Podemos añadir observación, palabra, intención, dieta mental y hábitos de bienestar que no solo prolonguen la funcionalidad, sino que eleven la calidad de la experiencia interna.

Una sesión de entrenamiento podría empezar con una pregunta sencilla: “¿Qué quiero cultivar hoy además de condición física?”. La respuesta puede ser calma, confianza, estabilidad, alegría, dignidad… Después, tres respiraciones conscientes pueden indicar al sistema que el entrenamiento no empieza desde la prisa, sino desde la presencia. Luego, una frase guía, breve y creíble, puede acompañar el movimiento: “hoy entreno mi capacidad de sostenerme”.

A partir de ahí, caminar, correr, levantar, empujar… dejan de ser únicamente acciones físicas. La persona también observa dónde se tensa, dónde se dispersa, dónde aparece la exigencia, dónde surge la duda y dónde el cuerpo responde mejor de lo esperado. Finalmente, un cierre sencillo permite registrar una integración: “hoy he sentido que mi cuerpo todavía puede aprender” o “hoy he visto que mi mente se calma cuando mi respiración se ordena”.

Este tipo de entrenamiento no compite con la ciencia de la longevidad. La complementa, porque una vida más larga necesitará también una mente entrenada para no perderse en sus propios automatismos.

La verdadera pregunta de la longevidad

Tal vez el futuro permita vivir mucho más. Tal vez el cuerpo humano pueda sostener niveles de funcionalidad que hoy todavía nos cuesta imaginar. Tal vez la vejez, tal como la hemos conocido, cambie radicalmente. Pero incluso si todo eso ocurre, seguirá habiendo una pregunta que ninguna tecnología podrá responder por nosotros: ¿desde dónde vamos a vivir ese tiempo añadido?

No es lo mismo prolongar la vida desde el miedo que prolongarla desde la conciencia. No es lo mismo querer vivir más porque rechazamos envejecer, que querer vivir más porque deseamos expresar mejor la vida. No es lo mismo conservar el cuerpo como objeto de control, que habitarlo como espacio de experiencia.

Podemos cuidar el cuerpo, aprovechar los avances, entrenar la fuerza, sostener la movilidad y preservar la energía; pero también podemos entrenar la atención, la palabra, la autopercepción, los hábitos y la forma en que nos contamos quiénes somos.

Porque vivir más puede ser un logro extraordinario, pero vivir más sin conciencia puede convertirse en una prolongación de los mismos automatismos. En cambio, vivir más con una conciencia entrenada abre otra posibilidad: no entender la longevidad como una huida del envejecimiento, sino como una oportunidad de maduración.

Quizá ese sea el verdadero reto de la amortalidad: no solo añadir años a la vida, sino añadir conciencia a los años. Muchas tradiciones milenarias lo han dicho antes. Tal vez ahora nos corresponde recordarlo de una forma nueva: en el cuerpo, en la atención, en la palabra y en la manera concreta de vivir este presente.


Román Castaño: roman.castano@live.com

La observación cuántica de la voluntad. De la fuerza mental a la coherencia biológica

“La voluntad puede iniciar el cambio.

La experiencia repetida es la que termina por reorganizarlo.

 

La Voluntad y su aparente fragilidad

Todos hemos vivido esta escena interna: decidimos cambiar algo. Lo hacemos con claridad, incluso con determinación. Nos prometemos actuar distinto, sostener una nueva dirección, dejar atrás un hábito o incorporar una práctica que sabemos beneficiosa.

Y, sin embargo, al cabo de unos días -a veces incluso horas- volvemos al patrón anterior. No siempre lo hacemos desde el mismo lugar, pero volvemos. 

Aquí asaltan las primeras valoraciones del proceso, y con ellas las primeras sentencias. Tal vez te reconozcas en alguno de estos juicios: ¿Falta de carácter? ¿Debilidad? ¿Inconstancia?

Quizás la cuestión no sea qué queremos cambiar ni cuánto lo deseamos, sino desde dónde estamos intentando hacerlo. El logro no depende únicamente de una decisión mental: en él intervienen distintos niveles de nuestra experiencia. Cuando esos niveles no están alineados, la voluntad puede agotarse rápidamente.

La voluntad suele entenderse como una fuerza mental capaz de imponerse sobre cualquier resistencia. Pero ¿y si la voluntad no fuera una cuestión de fuerza, sino de coherencia interna?

 

Las creencias gobiernan la biología

Este tema lo hemos tratado en el artículo La visión cuántica de la Creencia, en esta misma serie. Partimos de la misma base teórica: En La biología de la creencia, Bruce Lipton plantea una idea que transforma profundamente la manera de entender el cambio personal. Según este enfoque, absolutamente biológico, las células responden al entorno. La membrana celular se abre o se cierra dependiendo del estado de amenaza o seguridad que se identifica. En apertura prevalecen aspectos como la circulación de información, el intercambio de nutrientes y el crecimiento. En cierre prevalece la protección y el estado de alerta. 

Pero el entorno no es solo externo. El entorno es también -especialmente- la interpretación que el sistema nervioso hace de la realidad. Y esto genera estados de apertura o de alerta en nuestro organismo.

Por tanto, no reaccionamos únicamente a los hechos, sino a la forma en que los interpretamos. Si una creencia subconsciente sostiene que algo es peligroso, inalcanzable o amenazante, la biología responde como si esa interpretación fuera una verdad objetiva.

Aquí es donde entra en juego la voluntad. La creencia organiza la respuesta automática del sistema -la forma en que el cuerpo interpreta y reacciona ante una situación-, mientras que la voluntad introduce una dirección consciente dentro de ese sistema. La voluntad es consciente, es una decisión propia, madurada y razonada.

En otras palabras, la creencia configura el terreno sobre el que actuamos, pero la voluntad puede decidir hacia dónde queremos movernos dentro de él. Cuando ambos niveles están alineados, la acción tiende a fluir con relativa facilidad. Cuando no lo están, aparece la tensión: la decisión consciente intenta avanzar mientras el sistema biológico activa mecanismos de protección y de inhibición aprendidos.

En ese punto, la voluntad no desaparece ni queda anulada, pero sí se encuentra con una resistencia interna que no depende solo del pensamiento. La voluntad señala la dirección; la creencia organiza la respuesta del organismo.

 

¿Entonces la voluntad no sirve?

La voluntad sí sirve, pero no como imposición.

Lipton explica que la mente consciente representa solo una pequeña parte de nuestra actividad mental, mientras que el subconsciente almacena los programas aprendidos a lo largo de la vida. Por eso, la voluntad consciente no modifica automáticamente la señal biológica si no se transforma el patrón profundo.

Míralo así: Entender algo no equivale a reprogramarlo.

El cambio real ocurre cuando el subconsciente registra una experiencia distinta y repetida. No cambiamos por comprender intelectualmente, sino por vivir algo nuevo que contradiga la referencia anterior.

La voluntad puede introducir nuevas experiencias -pequeñas, repetidas y emocionalmente seguras- que poco a poco modifican el programa dominante. De este modo, la voluntad no impone el cambio por la fuerza, sino que crea las condiciones para que la creencia se reescriba.

Una persona puede decidir dejar de fumar. Su voluntad consciente afirma: “Quiero hacerlo”. Tiene motivos claros: mejorar su salud, respirar mejor, recuperar energía.

Cuando esa intención se lleva a la tierra, aparecen escenarios muy reconocidos. Si durante años el tabaco ha estado asociado en su experiencia interna al descanso, a la recompensa o a la regulación del estrés, el organismo reaccionará cuando aparezcan determinadas situaciones: después de comer, en un momento de tensión o durante una pausa en el trabajo. El cuerpo anticipa el gesto aprendido y activa la sensación de necesidad.

Ahí se manifiesta la tensión entre dos niveles del sistema. La voluntad indica una dirección -dejar el hábito-, pero la biología responde al programa aprendido. La persona quiere mantenerse firme, pero su organismo reproduce la asociación que ha registrado durante años.

Si consigue identificar y entender esa tensión como parte del proceso, puede introducir pequeñas modificaciones en su experiencia. Cada vez que aparece el impulso, respira con calma, espera unos minutos o sustituye el gesto por otra acción breve. No siempre lo consigue, pero cada ocasión en la que sostiene la decisión introduce una experiencia nueva en el sistema.

Con el tiempo, esas experiencias repetidas empiezan a reorganizar la referencia interna. El organismo aprende que la pausa, el descanso o la regulación emocional no dependen necesariamente del tabaco. Poco a poco, el impulso pierde intensidad y la decisión se vuelve más natural.

Lo que al principio era un acto de esfuerzo sostenido empieza a transformarse en una forma de libertad estable. La voluntad ha introducido una dirección, la experiencia repetida ha reorganizado la creencia y el sistema comienza a funcionar de manera coherente con el nuevo patrón.

 

La voluntad como intención sostenida: el papel del circuito de recompensa

En este sentido, Lipton habla más de intención, atención, reprogramación y entorno emocional que de fuerza heroica.

Desde esta perspectiva, la voluntad deja de ser presión y se convierte en dirección.

La voluntad puede iniciar el cambio, pero solo se consolida cuando se acompaña de repetición experiencial coherente. Además, existe un mecanismo biológico que facilita este proceso: el circuito de recompensa del sistema nervioso. Cuando una experiencia se asocia a sensaciones de bienestar, logro o alivio, el cerebro libera neurotransmisores como la dopamina, que refuerzan la probabilidad de repetir ese comportamiento.

Esto significa que la voluntad no se sostiene únicamente por disciplina mental. Cuando la experiencia incorpora pequeñas señales de recompensa -sensación de progreso, respiración más libre, bienestar corporal o satisfacción interna- el propio sistema nervioso empieza a favorecer la repetición del nuevo comportamiento.

 

De este modo, lo que comenzó como una decisión consciente puede transformarse progresivamente en una tendencia natural del organismo. Lo que al principio era un esfuerzo deliberado empieza a convertirse en un patrón más estable dentro del sistema.

Fíjate en esto: Cuando la experiencia comienza a generar pequeñas señales de recompensa, la voluntad deja de sostener el cambio en solitario: el propio sistema empieza a acompañar la nueva dirección.

Podríamos decir que: La creencia organiza la biología. La voluntad redirige la experiencia, incluso frente a los registros dominantes. La repetición coherente consolida el cambio.

Así aparece un círculo virtuoso que va ganando inercia con el tiempo. El bucle voluntad – experiencia – repetición comienza a ocupar cada vez más espacio en nuestra vida y, con ello, también en nuestra biología.

 

La dimensión cuántica de la voluntad

Si entendemos la materia como una organización dinámica de información, y la biología como un sistema sensible a patrones interpretativos, la voluntad puede entenderse como la capacidad consciente de introducir una nueva dirección en el sistema.

Pero esa dirección necesita coherencia emocional, repetición corporal y un estado receptivo.

Imaginemos a una persona que decide empezar a correr porque quiere mejorar su salud.

Podemos observar diferentes ejes en el proceso:

  • Intención – Voluntad. Primero aparece la intención: desea sentirse mejor, tener más energía, cuidar su cuerpo. A partir de ahí interviene la voluntad, que introduce una dirección concreta en su comportamiento: “Voy a salir a correr tres días por semana”.
  • Coherencia – Experiencias. Aquí aparece la capacidad de alimentar la voluntad con experiencias positivas y sostenibles. Cuando el movimiento se acompaña de respiración regulada, ritmo adecuado y sensaciones de bienestar progresivo, la voluntad deja de vivirse como presión y empieza a sostenerse con mayor naturalidad. Para que la decisión no se agote rápidamente, la persona genera experiencias coherentes con esa dirección: ajusta el ritmo, regula la respiración y comienza con sesiones breves que pueda sostener sin tensión excesiva. Cada sesión se convierte en una experiencia corporal que confirma que el logro es posible.
  • Creencia – Nuevo patrón. Con el tiempo, esas experiencias repetidas empiezan a modificar la referencia interna. La posible creencia inicial -“yo no soy una persona deportista”- comienza a transformarse. El organismo registra una nueva información y aparece un patrón distinto: correr deja de vivirse como una imposición y empieza a integrarse como algo natural dentro de su vida.

Si no somos capaces de alimentar la experiencia con sensaciones de progreso o disfrute, la voluntad se agota. Cuando la experiencia se organiza de forma adecuada, la voluntad se integra. Desde este punto de vista, la Voluntad no es fuerza, es coherencia sostenida. Claro que habrá días, momentos o situaciones que pongan a prueba la parte más exigente de la voluntad. La diferencia es que deja de ser la dinámica habitual.

En diferentes contextos comienzan a aparecer propuestas que buscan trabajar estos procesos de forma deliberada. Una de ellas es el entrenamiento cuántico, que utiliza el movimiento, la respiración y la atención consciente como herramientas para alinear intención, experiencia corporal y reorganización de patrones internos.

Desde esta perspectiva, el entrenamiento deja de ser únicamente una actividad física para convertirse también en un espacio donde la voluntad puede introducir dirección, la experiencia corporal genera nuevas referencias y la repetición coherente reorganiza progresivamente la biología.

Míralo así: 

  • La voluntad consciente puede iniciar el cambio.
  • El subconsciente determina si se consolida.
  • La biología sigue al programa dominante.
  • El cambio real exige experiencia repetida.
  • No se trata de esforzarse más, sino de alinear intención, creencia y experiencia. Se trata de que el esfuerzo, que seguirá existiendo, se equilibre con el disfrute y el avance.
  • Cuando eso ocurre, la voluntad deja de luchar contra el sistema y comienza a reorganizarlo. El cambio ya no depende solo del esfuerzo, sino de la coherencia entre intención, experiencia y biología.

 

La observación cuántica de la creencia

Introducción

Damos por hecho que pensamos libremente. Pero muchas veces lo que llamamos pensamiento no es más que la voz de algo más profundo: una estructura silenciosa, a veces oculta, que interpreta la vida por nosotros. El pensamiento va y viene; cambia, se mueve, se transforma.

Sin embargo, en un nivel más profundo, una creencia permanece. Es más estable, más antigua, más arraigada. No siempre la identificamos, pero actúa como un filtro que decide qué consideramos posible, qué nos permitimos sentir y qué damos por verdadero incluso antes de razonarlo.

Hay instantes en los que intuimos que no es la mente la que está reaccionando, sino un patrón interno que lleva mucho tiempo acompañándonos. Como si hablara desde un lugar previo, casi automático.

Explorar el territorio donde nacen las creencias es un acto de claridad y valentía. Porque ahí descubrimos que nuestra realidad interna no está hecha solo de pensamientos sueltos, sino de estructuras profundas que condicionan nuestra manera de mirar, de interpretar y de vivir. Observar nuestras creencias es identificar la raíz desde la que la experiencia empieza a desplegarse. Y ese gesto, simple y honesto, abre un espacio nuevo para comprendernos de verdad.

Dos maneras de entender tus creencias

En una visión clásica, probablemente has visto tus creencias como ideas que has ido aprendiendo: frases que escuchaste muchas veces, conclusiones que sacaste en algún momento. En definitiva, parecen opiniones que repites casi sin darte cuenta, puesto que ya forman parte de ti. Desde ese enfoque, una creencia parece simplemente un pensamiento reforzado por la experiencia.

Si miras con más atención, descubres algo más profundo: una creencia no actúa como un pensamiento aislado, sino como la base desde la que piensas. Es un acuerdo interno que adoptaste en algún momento y que ahora funciona como si fuera verdad. Moldea tu pensamiento desde ahí.

¡La mirada cuántica te invita a ir aún más lejos! Desde esta perspectiva, una creencia no es solo una idea insistente: es un patrón interno estable, una frecuencia que organiza tu manera de interpretar la vida. No es lo que dices que crees, es lo que opera internamente incluso cuando no lo dices. Por eso tú puedes vivir una situación y sentirla como un bloqueo, mientras otra persona, en las mismas circunstancias, ve una oportunidad. Cada cual interpreta desde su estructura interna: desde aquello que considera alcanzable, seguro o posible.

Míralo así: el pensamiento describe lo que ves mientras que la creencia determina lo que puedes llegar a ver. Quizás no reaccionas al mundo tal como es, sino al patrón interno que lo ordena antes incluso de que tú lo interpretes.

¿Dónde viven tus creencias?

Tendemos a pensar que nuestras creencias están en la mente, como si fueran ideas almacenadas en algún rincón del pensamiento. Esto es cierto, pero algo incompleto. Si prestamos un poco más de atención, vemos que muchas creencias no solo se piensan: se sienten. Están en la forma de respirar, en cómo se tensa el cuerpo ante un desafío, en la manera en que nos abrimos o nos cerramos ante aquello que creemos que puede suceder

Aquí es donde la visión de Bruce Lipton aporta una pista interesante.

No hace falta entrar en detalles biológicos para entender su propuesta esencial: tu cuerpo no responde solo a lo que piensas, sino a los patrones internos que llevas grabados, incluso aquellos que no recuerdas haber elegido. Esos patrones actúan como programas automáticos que influyen en cómo te mueves por la vida. Por eso a veces te propones cambiar, pero tu cuerpo reacciona como si siguiera viviendo en la versión antigua de ti mismo. No es incoherencia: es que tu creencia más profunda está actuando al tiempo que tu intención consciente.

Míralo así: una creencia no solo está en tu mente… también está en tu postura, en tu energía, en tu forma de anticipar lo que viene. Está en ti incluso cuando no la estás formulando. Y para entender cómo llegó ahí -y por qué sigue actuando- necesitamos mirar de dónde nacen realmente nuestras creencias.

¿Dónde nacen tus creencias?

Tus creencias no aparecen de la nada. Se forman a lo largo del camino vital, la mayoría de veces sin que lo notes. Algunas nacen de la repetición: escuchaste tantas veces un mensaje (interno o externo) que acabó convirtiéndose en una verdad interna. Otras vienen del entorno, de lo que viste, imitaste o comprendiste de forma intuitiva cuando aún no tenías lenguaje para explicarlo. Algunos autores sugieren que en esos años tempranos se fijan la mayoría de ellas.

Hay creencias que surgen de un impacto emocional. Un éxito inesperado, un rechazo, una pérdida o una experiencia intensa pueden fijar una interpretación que luego se mantiene activa durante años. Estas son muy representativas para todos y seguro que te identificas con más de una.

Y muchas otras se forman por pertenencia: adoptamos lo que nos ayuda a encajar, lo que nos hace sentir parte de un grupo o de una historia familiar.

En cualquier caso, podemos identificar dos capas:

  • Las creencias heredadas, que absorbiste sin darte cuenta.
  • Las creencias propias, que construiste a partir de tus decisiones y experiencias.

La mayoría se consolidaron antes de que fueras consciente de que existían. Se asentaron en tu forma de sentir, en tu manera de reaccionar, en lo que interpretabas como normal o inevitable. Y, con el tiempo, dejaron de parecer ideas para convertirse en parte de tu identidad.

La buena noticia es que ninguna creencia está escrita en piedra. Son profundas, muchas veces ocultas en primera instancia, pero igual de flexibles para ser tratadas que otras capas de experiencias como las que ya hemos tratado en esta serie de artículos.

En el Entrenamiento Cuántico partimos precisamente de esa premisa: lo que se grabó sin consciencia puede transformarse con presencia. Llevamos lo mental e interno a la práctica deportiva. No hace falta técnicas complejas ni grandes revelaciones; basta con empezar a mirar de dónde viene cada creencia y reconocer que no todas necesitan seguir siendo tus verdades.

Piensa, por ejemplo, en alguien que cree que “no tiene resistencia”. Quizás no es una verdad, sino una interpretación que nació de un mal primer entrenamiento, de haberse cansado demasiado pronto o de compararse con alguien más preparado. Con el tiempo, esa sensación se convirtió en creencia. Pero si esa persona vuelve a entrenar desde la presencia -respirando mejor, regulando el ritmo, escuchando su cuerpo en lugar del recuerdo- descubre que puede sostener más de lo que creía. La creencia antigua se suaviza, y una nueva empieza a tomar forma.

La creencia como límite o como expansión del campo

Cada creencia que almacenas funciona como un molde interno. Y lo más importante es que no importa si eres consciente de ella o no: ese molde organiza de forma silenciosa la manera en que percibes las situaciones, las oportunidades y hasta tus propias capacidades. Por supuesto, también influyen tu cuerpo, tus emociones, tu historia, tu nivel de energía y hasta el estado del día. Aun así, la creencia tiene un papel decisivo: es el tono de fondo desde el que interpretas lo que te ocurre.

Por eso no basta con decir “a partir de hoy voy a creer otra cosa”. La mente consciente puede decidirlo, pero la mente subconsciente sigue enviando señales al organismo basadas en lo que conoce, en lo que ha vivido, en lo que interpretó como verdadero durante años. Recuerda que, como apunta Bruce Lipton, la creencia acaba almacenándose a lo largo de todo tu cuerpo. Y en lo que respecta a creencias, el cuerpo no reconoce la imposición consciente: reconoce el patrón instaurado.

Y aquí aparece un punto esencial:

  • Si crees que algo está fuera de tu alcance, tu cuerpo actuará como si fuera cierto.
  • Y si crees que eres capaz, tu cuerpo también actuará como si fuera cierto.

No porque la creencia “tenga razón” en sentido absoluto, sino porque tu organismo responde a la interpretación que tú sostienes.

Una creencia limitante reduce tu campo: te cierra, te tensa, te hace anticipar dificultad.

Una creencia expansiva abre tu campo: te permite respirar mejor, moverte mejor, percibir más opciones.

En otras palabras: La creencia no confirma la realidad; es tu realidad interna la que confirma la creencia.

Así que sí:

  • Si crees que puedes, tu organismo se organiza para que puedas.
  • Si crees que no puedes, tu organismo también se organiza para no poder.

No por magia. Por coherencia interna.

Una creencia limitante estrecha tu campo: ves menos, intentas menos y te sientes menos capaz.

Una creencia expansiva lo abre: percibes más opciones, te mueves con más libertad y todo se vuelve más manejable.

El molde no desaparece… se amplía contigo.

Transformar una creencia: sustituir, no luchar

Identificar, e incluso comprender una creencia no es suficiente para transformarla. Puedes saber de dónde viene, cuándo se instaló y qué efecto tiene en ti… y aun así seguir reaccionando igual. No es falta de voluntad: la realidad es que una creencia no se modifica desde la mente consciente, sino desde la experiencia que la reemplaza.

Una creencia se transforma cuando el cuerpo vive algo distinto a lo que llevaba años repitiendo.

No es cuando te lo dices, sino cuando lo experimentas. No cuando intentas “convencerte”, sino cuando generas una vivencia que contradice la versión antigua y da lugar a una nueva.

Aquí es donde la filosofía del Entrenamiento Cuántico cobra sentido.

No hablamos de técnicas sofisticadas, sino de algo mucho más básico y poderoso: repetición coherente, presencia corporal y experiencias que reescriben el código interno.

Piensa en este ejemplo: quizás has creído durante años que “te bloqueas bajo presión”. Cada vez que aparece una situación exigente, el cuerpo responde con esa misma sensación de cierre: respiración corta, hombros tensos, mente acelerada. En realidad, no es la presión puntual lo que te bloquea… es la creencia de que “cuando hay presión, yo fallo”.

Ahora imagina que, en uno de tus entrenamientos, decides mantenerte presente en ese instante. Respiras un poco más hondo, sostienes tu postura, regulas el ritmo y te permites continuar aunque la sensación inicial te diga lo contrario. De pronto descubres que puedes avanzar un poco más, que no te rompes, que tienes más margen del que pensabas.

En esos pequeños actos -esas microexperiencias distintas- grabas una nueva instrucción dentro de ti. El cuerpo registra algo nuevo. La mente subconsciente se abre a otro patrón. Y la creencia antigua empieza a perder fuerza porque ya no es la única referencia. Así es como se reescribe un código interno: no luchando contra la creencia antigua, sino sustituyéndola por una experiencia que vibra con tu versión actual. Con lo que eres en esencia más allá de lo que esos patrones pretenden demostrar.

Míralo así: Una creencia se sostiene por repetición… y solo se transforma por repetición coherente.

Abre espacio a una nueva forma de vivirte

Transformar una creencia no es cambiar una idea: es cambiar la base desde la que vives. Es permitir que tu experiencia empiece a contarte algo nuevo sobre ti y que tu cuerpo, tu mente y tu energía respondan desde una versión más auténtica.

Cada experiencia diferente, por pequeña que sea, abre una puerta. No para “pensar en positivo”, sino para crear una realidad interna más coherente y más amplia. Ahí ocurre el verdadero cambio: no en el pensamiento, sino en el fondo desde el que piensas.

Recuerda: cambiar una creencia es biología pura; es entrenar tu forma de habitarte, de sentirte y de interpretarte. No es un eslogan. Es integrar mente y cuerpo en una misma dirección.

 

Y esto es lo más valioso: cuando empiezas a sostener una creencia que te expande, todo en ti se expande con ella. Tu cuerpo, tu atención y tus decisiones entran en otro ritmo, en otra perspectiva, en otra posibilidad.


Román Castaño: roman.castano@live.com

La Observación Cuántica del Pensamiento

Introducción: Pensar también es crear

Cada pensamiento que elaboras deja una huella. No solo en tu mente, sino también en tu cuerpo y en el entorno. Desde la visión cuántica, el pensamiento es una forma de energía: una vibración que puede influir en la realidad. Cuando piensas, estás emitiendo señales que ordenan -o desordenan- tu campo energético.

Por eso, no es lo mismo pensar desde el miedo o la duda que hacerlo desde la calma, la confianza o el amor. Cada pensamiento tiene su frecuencia, y esa frecuencia interactúa directamente con la manera en que te sientes, actúas y conectas con los demás.

El pensamiento por tanto, se muestra como una frecuencia sutil y al mismo tiempo poderosa que influye tanto en tu biología como en la calidad de tus experiencias.

Si en los artículos anteriores abordamos la sensibilidad, la intuición o la emoción como expresiones de conexión con los planos más sutiles del ser, ahora observamos el pensamiento como el puente que une lo sutil con lo material. Es el puente entre la conciencia y la forma, entre la intención y la acción.

El pensamiento se elabora y ordena mentalmente a través de la palabra, del significado que otorgas con tu lenguaje.

Es por ello que lo consideramos la puerta a la manifestación. El pensamiento se organiza en palabra. Tu palabra genera tu realidad.

El pensamiento como puente entre energía y materia

En el paradigma cuántico, el pensamiento no se limita exclusivamente a un proceso mental, que obviamente lo es. Es una forma de energía organizada, una frecuencia que traduce información del campo cuántico hacia nuestra experiencia humana.

Podemos imaginar el pensamiento como un puente entre el mundo invisible de la conciencia y el mundo visible de la materia. Primero aparece una idea, una intención, una imagen. Luego, si la sostenemos con presencia, esa idea empieza a tomar forma: se convierte en palabra, y a partir de ahí, evoluciona en acción y en experiencia. Esto posibilita que nuestros pensamientos sean una herramienta poderosa de creación, de hecho, el paso inicial hacia la acción que crea la realidad.

Lo que mantenemos en la mente acaba reflejándose en nuestra vida de un modo u otro. Por eso, observar cómo pensamos es una forma de conocernos y de dirigir nuestra energía hacia lo que realmente deseamos. Por ejemplo, si cada mañana al despertar lo primero que aparece en tu mente es “va a ser un día pesado”, el cuerpo empieza a prepararse para el esfuerzo y la tensión. Pero si eliges observar ese pensamiento y sustituirlo por “hoy voy a avanzar con calma y claridad”, la respiración cambia, tu energía se relaja y todo el día se orienta desde otra vibración. En la experiencia posterior hay que seguir sosteniendo la vibración de esa nueva intención hecha pensamiento y palabra. Hay que avanzar con la acción coherente con lo expresado e intencionado. En ese paso mental, te decantas hacia una dirección.

La coherencia entre mente y corazón

La ciencia ha demostrado que el cuerpo responde a lo que pensamos. Cuando la mente se centra en pensamientos positivos o constructivos, el ritmo del corazón se vuelve más regular y armónico. Eso genera un estado de bienestar, claridad y equilibrio. De la misma forma, el corazón, a través de su campo electromagnético, también genera impulsos que la mente puede acompañar

Esa coherencia es armonía, es vida. Investigaciones como las del HeartMath Institute o los estudios sobre la coherencia cardíaca muestran la interacción entre pensamientos y emociones y los ritmos del corazón y del sistema nervioso.

Si el corazón tiene una enorme influencia -energéticamente demostrada- en el campo de influencia de tus pensamientos mentales, el camino de vuelta también dirige la experiencia. Acompaña a tu sentir del corazón con la mejor versión de ti expresada en palabras. Ahí está la coherencia. Ahí radica la responsabilidad de hacerte cargo de tu experiencia.

El entrenamiento cuántico trabaja precisamente esta coherencia. A través de la respiración, la atención y el movimiento, aprendemos a unir mente y cuerpo en una misma dirección. Pensar desde el cuerpo -y no solo desde la cabeza- nos ayuda a sentir lo que pensamos y a pensar lo que sentimos.

Pensamiento, observación y creación

Pensar es observar. Cada pensamiento actúa como un colapso de onda, una elección que trae una posibilidad a la existencia. El campo cuántico ofrece infinitas opciones; la mente, al enfocarse, selecciona una de ellas.

Si habitas la realidad desde el pensamiento automático, la elección sigue el automatismo. Repites patrones, revives las mismas emociones y proyectas las mismas historias. Ese automatismo es útil para muchas tareas cotidianas, y te ayuda a llevar a cabo labores de interacción y supervivencia sin emplear un exceso de energía. Así actúas al conducir al trabajo de forma automática, mientras ocupas tu mente con otros aspectos sin que te evadas totalmente del volante. Actúas en piloto automático, y te sirve.

Por otro lado, cuando el pensamiento se vuelve consciente, cuando lo acompañas con presencia y atención vibracional, se transforma en acto creador.

Determinar cunado dejar la experiencia a la parte automática y cuando tomar consciencia creadora te aporta el equilibrio necesario para vivir tu día a día en armonía. No necesitas recoger tu habitación poniendo una atención especial a cada detalle, simplemente satisfaces una tarea. No te reconoces en una conversación profunda, que te toca, elaborando tu discurso de forma automática. Te disocias de quien eres. En cierta forma, te sustituyes por una dinámica inconsciente.

Hay muchas maneras de tomar consciencia de cómo pensamos, podemos elegir entre múltiples opciones: visualizaciones, yoga, Taichi… en cualquier caso, la capacidad de anclar nuestra intención al organismo a través del movimiento, se transforma en una herramienta muy poderosa.

En la práctica, desde el entrenamiento cuántico, esta observación se entrena a través de gestos y rutinas sencillas, veamos algunos ejemplos:

  • Respirar con atención cuando aparece un pensamiento repetitivo. Tomar un movimiento concreto de ancla cuando lo redirigimos.
  • Elegir una frase o un mantra que represente la dirección que queremos dar a nuestro día. Potenciarla en el calentamiento de nuestra sesión inicial de entrenamiento matutina.
  • Asociar el movimiento del cuerpo con una intención clara: caminar con un ritmo concreto, una respiración acompasada y unos comandos que implementen la intención que quiero transmitir a mi organismo a través del pensamiento.

Pensar con conciencia

Abrimos paso al tratamiento que vamos a dar a las creencias en el próximo artículo. Con el tiempo, los pensamientos que repetimos se convierten en creencias. Estas creencias se instalan en nuestra psique. Hemos visto que los actos automáticos se basan en pensamientos automatizados que hemos ido insertando en nuestro día a día. De ahí a generar una creencia automática solo necesitas la repetición constante. Tu mente racional puede olvidar un pensamiento, pero tu cuerpo energético -y biológico- lo conserva en forma de frecuencia, y se instala tu creencia. De eso hablaremos en el próximo artículo.

Por eso, observar cómo piensas es también una forma de reprogramar tu mente. Cuando elegimos pensamientos coherentes, no solo cambiamos nuestra actitud: cambiamos la vibración que emitimos al mundo. Pensar con conciencia es un entrenamiento diario. No se trata de controlar la mente, sino de acompañarla.

El control total y absoluto puede resultar agotador.

Sin embargo, si dejas espacio a que las ideas pasen, sientes cómo resuenan en el cuerpo y eliges las que te acercan a la calma, el cambio es más importante de lo que puede parecer. Míralo así: cada pensamiento consciente es una oportunidad de reprogramación vibracional. Al mantener pensamientos coherentes y presentes, deshaces los patrones que sostenían emociones repetitivas o densas. Lo que antes era automático, se convierte en elección. Lo que antes era ruido mental, se convierte en claridad. No se trata de juzgarte cada vez que entres en patrones inconscientes y repetitivos. Se trata de darte cuenta y hacer pequeños cambios en tu actividad mental.

No busques el resultado, observa el camino.

Aplicación práctica: entrenar la mente vibracional

Atender el pensamiento no significa dominarlo completamente, sino escucharlo desde otro plano de conciencia. Está comprobado cómo las frecuencias cerebrales medidas en Herzios predisponen a diferentes estados de actividad. Las frecuencias más lentas y con mayor amplitud de onda predisponen al descanso, la calma y la regeneración. Las frecuencias más rápidas y con menor amplitud de onda, a la acción y a la resolución. La clave está en habitar mentalmente la zona mental que tu presente te requiere.

En las sesiones de entrenamiento cuántico se proponen ejercicios sencillos pero profundos para cultivar esta habilidad:

  • Observar los pensamientos sin identificarse con ellos. Reconocer su tono, su vibración, y cómo se reflejan en el cuerpo.
  • Respirar con el pensamiento, sincronizando mente y ritmo cardíaco.  Al inhalar, recibir; al exhalar, soltar.
  • Elegir pensamientos de alta frecuencia. Repetir internamente comandos vibracionales que expandan la energía: amor, gratitud, confianza. Utilizar los arquetipos que comentamos en el artículo dedicado a ellos es una buena herramienta.
  • Integrar movimiento consciente. Caminar, correr o practicar una sesión de fuerza, asociando cada gesto a una intención mental. Así, el pensamiento se convierte en movimiento energético.

Con la práctica, la mente deja de ser una fuente de dispersión para convertirse en un canal de coherencia y creación. Cuando el pensamiento se alinea con la conciencia, se disuelven las fronteras entre lo que imaginas y lo que vives.

Conclusión

El pensamiento es el traductor entre el lenguaje de la conciencia universal y la experiencia humana.

Es el punto donde la energía se organiza para tomar forma, y por tanto, el espacio donde comienza toda creación. Antes del pensamiento y de la palabra está el caos: un estado útil y poderoso. Desde el pensamiento y la palabra dirigimos la intención dentro de las posibilidades del caos.

Entrenar el pensamiento es entrenar la realidad. Aunar corazón y mente es el mejor método. Cuando aprendemos a pensar desde el corazón, el pensamiento deja de ser ruido mental y se convierte en lenguaje vibracional del alma.

Cada pensamiento consciente es una chispa de creación. Cuando la mente se aquieta, la conciencia crea.

León XIV, el misionero de la paz

Ellos aspiran a ser como dioses. ¿Es el final del homo sapiens y el inicio del ser tecnológico?

Sus armas: Inteligencia Artificial, Ingeniería social, cambio climático, leyes inversas a la ley Natural, empoderamiento de la mujer, desactivación de la espiritualidad o cualquier atisbo de religiosidad, destrucción de la familia y el Estado-Nación, hasta alcanzar el sometimiento ilimitado y universal de la población mundial.

Nuestras armas: somos muchos más, estamos unidos, y preparados para afrontar colectivamente, con la ayuda de las fuerzas del orden cósmico, el gran desafío jamás vivido en la historia de la Humanidad.  

Tecnología, amos y siervos.

¿Que nos espera a la humanidad ante el desafío de la IA?

¿Ssupondrá nuestra extinción como civilización o será una nueva era de prosperidad? ¿Seremos esclavos de las máquinas y de sus amos? Son las preguntas que nos hacemos a medida que avanza el desarrollo de la IA, a gran velocidad. ¿Qué relación tiene la IA con la Torah o Antiguo Testamento? La propia Torah sería una Inteligencia Artificial, si tenemos en cuenta que todo el conocimiento que hay en ella, está oculto a través de 72 códigos de encriptación. No se puede leer literalmente. Tampoco todo el mundo puede acceder al conocimiento, porque podría hacer mal uso de ello. La Torah es una estructura complejísima de matemáticas entrelazadas, como los algoritmos de la Inteligencia artificial, un conjunto ordenado de operaciones sistemáticas que permite realizar un cálculo y hallar la solución a los problemas. Hoy en día con la IA se podría acceder fácilmente y desencriptar los códigos ocultos en los textos sagrados. Recordad que la Torah fue revelada por Dios a Moisés en el Sinaí, como la ley o manual de instrucciones para este mundo material. El mundo ha sido creado por Dios con letras y números. Según la Tradición de la cultura hebrea, con las 22 letras de su alfabeto y 10 números, que es la base del entramado matemático y geométrico que conforma el Universo. Hablando del conocimiento, el inicio de la IA sería el Árbol de Conocimiento del Bien y del mal. Adam, el alma primordial, el primer ser humano, que era hemafrodita, hombre y mujer, comió de ese fruto que estaba prohibido, con el fin de acceder a ese conocimiento. Como consecuencia, se produjo un cambio importante, convierte a Adam, en hombre, ISH, y en mujer a EVA, Isha.  La inicial de Ish es la Yud, valor 10 y la de ISHA, es Alef. Yud, alef, 10 mas 1, es 11. El 11 es el nombre más oculto de Dios, por tanto, como todo lo creado la IA encierra la divinidad, en su aspecto positivo. Los oscuros lo imitan para su propio beneficio resultando un conocimiento inverso. La Inteligencia Natural es Biná, la esfera que junto con Jothma y Keter forman la triada superior del Arbol de la Vida o mundo superior. En Bina se realiza la creación. El ser humano es el centro de la Creación, y como tal es un reflejo de Dios. 1 frente a 1 los creó, simboliza un 11. El 11 guarda un gran secreto. 11 elevado al cuadrado es 121. La raíz cuadrada de 121 es 11. El 1 se hace 2 para crear el universo, para que el 2 regrese de nuevo al 1, al Padre. Un concepto matemático que explica el sentido de la creación. Hay muchos ejemplos en la Torah con las iniciales de IA, el Patriarca Jacob Avenu, yud, alef. Jacob lucho contra el Angel en la ciudad de Jarán y desde entonces Dios le cambió el nombre y se llamó Israel. Desde entonces Dios dijo que esa tierra era santa. Jarán, sus letras valen 258, es el mismo valor que Madrid. Siempre que dos palabras tienen el mismo valor numérico están conectadas.  IA está en una nube, igual que nuestra alma.

Hasta ahora, la IA son algoritmos creados para la programación. Se recoge información que se convierte en conocimiento. Sin embargo, el objetivo es crear máquinas pensantes que imiten el razonamiento humano.  Según expertos, como Rafael Puertas, el punto de inflexión será cuando la máquina comience a aprender por sí misma a través de los algoritmos. Ellos, los amos del mundo, quieren que las máquinas tengan conciencia, con el fin de superar al ser humano y que posean una inteligencia superior a la nuestra. Quieren crear robots más inteligentes, más fuertes, más rápidos, y que dependamos de ellos.

El objetivo es la fusión de la máquina con el humano, lo que es el transhumanismo, un riesgo porque nos podemos extinguir como especie, entre otras cosas por atrofia. Nos llevará a una disminución de nuestro cociente intelectual. En cambio, la IA duplicaría su capacidad.  Nos van a sustituir en trabajos cualificados, como abogados, arquitectos, ingenieros, ect. 300 millones de puesto de trabajo fuera. Las máquinas harán todo por nosotros. Dependeremos del robot, pero también el Estado o lo que quede de Nación. Otro salto, es el posthumanismo sobre el surgimiento de un nuevo prototipo humano. Podría ser ¿el inicio del ser tecnológico? ¿Robots biológicos, pensamientos, emociones, ect? ¿Todo estaría predeterminado por una superinteligencia, una gran mente pensante controlada por computación cuántica? Pensáis que seres humanos quieren destruir al ser humano. Os ha pasado por la mente que esos seres podrían venir de otras dimensiones paralelas para hibridarnos y controlarnos.  Inteligencias de otros planos no físicos han contactado con seres humanos, en muchos casos para ayudar, pero en otros estas inteligencias han controlado el cerebro humano de mentes psicópatas y con gran poder, esto está ocurriendo desde el principio de la humanidad.

En el Zohar, el alma de la Torah, se habla de estos seres y les llama “cambia formas”, capaces de romper las barreras de la física, y colarse en nuestra dimensión.  Son seres extraterrestres, a veces demoniacos otras angelicales. Estas entidades están haciendo que humanos hibriden humanos, fabriquen computadoras cuánticas para venir a este plano físico, y poder controlar a todos los humanos, quieren existir físicamente y necesitan nuestros cuerpos. Con estas computadoras cuánticas se puede acceder a los aspectos ocultos de la naturaleza y a nuevas dimensiones. Super inteligencias alienígenas podrían llegar a la Tierra en 13 o 50 años. No van a ser como nosotros, no van a ser personas, ellos serán extraterrestres, mucho más inteligentes. Elon Musk dice cosas como esta: con la IA puedes invocar al demonio, no puedes controlar con agua bendita, eso no va a funcionar así. Hay millones de inteligencias activas fuera de aquí. Ellos no son buenos ni malos, son indiferentes lo mismo que tu sientes por una hormiga. Si no tomamos medidas nos van a borrar a todos. Atraer entidades de otros planos dimensionales, a través de computación cuántica, para hacerlos venir y controlarnos. Ellos son inmateriales. El plan es ir introduciendo grafeno fluídico e ir hibridando al ser humano con biochips micro-fluídicos grafénicos. Todo ello ira acompañado junto a reseteos económicos y energéticos. Después, se implantará el NOM, con una nueva civilización…  

Según  ellos, los amos del mundo quieren transformar la condición humana mediante el desarrollo de tecnologías, que mejoren las capacidades humanas, más audaces, valientes e imaginativas, eso en el mejor de los casos. Sin embargo, en el trasfondo de todo ello, pretenden  la manipulación y control de la población mundial.  Hay muchos riesgos como la creación de identidades falsas o identidades digitales por los usuarios de las redes y el aumento del cibersexo. Hay que ser conscientes de los riesgos y oportunidades a nivel individual y colectivo para afrontar este desafío en estos tiempos convulsos que ahora se inician, en los que millones de personas perderán sus trabajos. Entre los planes de esas élites es llegar a poseer el poder computacional y los datos biométricos para crear seres con cerebro. Todo ello, está haciendo despertar a millones de personas. El Mal tiene que decir siempre la verdad, es una condición del Creador del Universo para que el Mal lleve a cabo su plan.

Ser conscientes de que somos cuerpo, mente, y alma; el Universo no es sólo físico, hay unas leyes que rigen como el Amor, la Unidad de todo lo creado. La máquina no tiene alma, ni corazón, ni tampoco emociones, ni imaginación, inspiración, intuición, pero en cambio nosotros si tenemos esa capacidad de amar, de relacionarnos, de la amistad.  Somos seres espirituales encarnados en un cuerpo físico. Si actuamos en equilibrio y con conciencia, las máquinas pueden ser nuestros aliados y compañeros de viaje en nuestro camino evolutivo. Además, tendremos una productividad inmensa, una superabundancia. Nos daremos cuenta de que lo material no tiene valor. Si empleamos la IA para aniquilar a otros será el fin. Hace falta una ética, y unas normas que rijan el uso de la IA, ese es el camino que nos conduce a una nueva Era para la Humanidad.

De hecho, la Pandemia fue el punto de inflexión para que la Humanidad despertara, íbamos a demasiada velocidad, demasiado consumismo, materialismo, fue el final del paradigma del siglo 20. La Pandemia que provocó el confinamiento o encierro de casi todo el planeta, frenó esa velocidad, y nos dio espacio para el aumento de la conciencia. La gente empezó a reflexionar sobre el sentido de lo que estaba sucediendo y a despertar en el mundo espiritual. El año 2020, es muy significativo, tiene dos 20, y su equivalente en hebreo es 5780, de nuevo un 20. Tres números veinte. El 20 es la letra Caf del alfabeto hebreo, la inicial de Keter, la esfera superior del Arbol de la Vida, el mundo superior. Esta letra tiene forma de mano, la mano de Dios en acción para acabar con los desastres o desatarlos, para que la humanidad despierte. La gente en el siglo 21 quiere vivir en paz, está cansada de tanta manipulación, mentira, de guerras, injusticias, Se da cuenta de que el esfuerzo de salvación está en nuestro interior, no está afuera, en la religión, políticos, papa Estado, ect. El esfuerzo lo tenemos que hacer nosotros mismos, somos co-creadores, nadie nos va a salvar afuera. No necesitamos a nadie que nos salve pues sería una situación de dominación. El mundo está peor que nunca, pero ha aumentado la luz. Por ello, los grupos de poder van a tener que cambiar de rumbo. La Humanidad está callada, pero en cualquier momento explota y sale a las calles.  Hay un sistema moral, político, religioso que ya no funciona más y esto deja a las instituciones sin poder. Es evidente que la democracia ya no existe. Vivimos, como yo digo, en una mafiocracia. Se necesita redefinir las nuevas estructuras, hacer un reseteo, pero no el que ellos quieren. Recuperar el entusiasmo dentro de nuestra realidad para ver los problemas de manera diferente.  Talmud dice: lo que vemos es lo que somos. Cito a Andre Malraux, escritor y político francés, quien dijo: El siglo 21 será espiritual, o no será.   

De momento, vemos como élites que gobiernan el mundo en la sombra a través de sus títeres en los gobiernos, van dando pasos hacia la implementación de un nuevo Orden Mundial. No solo este selecto grupo de magnates, políticos, miembros de la realeza, existen otras organizaciones transnacionales como la ONU, la OMS, Foro de Davos, la Trilateral, todos ellos están implicados en este plan. Uno de esos grupos, el famoso grupo Bilderberg, que celebra una cumbre anual, se reunió hace poco en Lisboa y precisamente para hablar de la IA.  Por cierto, el presidente Sanchez, recibió en la Moncloa, a Yuval Hariri, escritor israelí e ideólogo del Foro de Davos, quien dice, entre oras lindeces, que a la IA le sobra el ser humano. Ellos buscan el elixir de la eternidad. A través de la tecnología podrían eliminar la muerte. De ser humano a ser tecnológico.  Alcanzar el control del ciudadano y la subyugación total del ser humano. Quieren emular a Dios, y sustituirle. Quieren ser como dioses, en hebreo Como Elokim, cuyo valor numérico es 666, el número de la bestia. Bilderberg, por si no lo sabeis, sería la continuidad de una organización secreta llamada los illuminati de Baviera, creada en 1776 y prohibida en 1784 por el gobierno de Baviera, entonces no estaba unificada Alemania. El objetivo de esta orden era la dominación mundial, y utilizaba el número 11 para realizar sus acciones, porque era su número para representar el anticristo. Oficialmente dejo de existir, pero siguió trabajando en la sombra. Entre otras cosas, fueron los responsables de la revolución francesa. Ya en el siglo 20 se volvió a hablar de este grupo como una orden secreta que decidía guerras y manejaba los hilos del poder para establecer un nuevo orden mundial. Por tanto, el grupo Bilderberg sería una continuación de los iluminati. Desde 1954, se reúnen anualmente.  4 años antes, en 1950, en Roma, después de la segunda guerra mundial, científicos, economistas, expolíticos de más de 52 países se reúnen para tratar de los problemas a los que se enfrentaba el mundo; entonces ya se habló de la explosión demográfica, de la que había que ponerle límites y de la preocupación por el Medio Ambiente. Otra fecha crucial, en 1987, en Basilea, se reunieron miembros de la francmasonería y dirigentes del sionismo internacional para trazar un plan de poder global que quedó plasmado en los llamados protocolos de Sión. El objetivo crear poco a poco un mundo globalizado sujeto al poder del dinero hasta llegar a la dominación ilimitada y universal de la que nadie pudiera sustraerse. La meta instaurar un nuevo orden mundial, aunque fuera necesario provocar guerras, terrorismo, hambre, epidemias e incluso cambiar el clima de la Tierra. Se presentaba como un mundo feliz, sin fronteras, más justo, más libre, en el que todo estaba permitido. Por ejemplo, los jóvenes no deben ser oprimidos por los padres, derecho al aborto, otras formas de familia, ect.. Como veis ya estaba planeado desde hace décadas la idea de un poder absoluto a nivel global. Ahora se está implementando abiertamente, y cuentan con la valiosa ayuda de la IA. Vivimos momentos cruciales para el devenir de la humanidad, un final de ciclo, precedido de caos, confusión, engaño, manipulación, proliferación de falsos profetas, o Mesías y de anticristos, propio del final de los tiempos, de lo que habla la Biblia, en concreto el Nuevo Testamento. El Anticristo es el hijo de la anomia, palabra griega formada por a, prefijo de negación, y nomia es ley. El anticristo, es la ausencia o negación de la ley Natural. El mismo Jesús anunció a sus discípulos su segunda venida precedida de caos y de muchos que vendrán en su nombre, Meteo-24.

Estamos casi al final del Shabat Cósmico, un periodo de seis mil años de evolución desde que Moisés recibió la revelación de la Torah, la ley o manual de instrucciones para este mundo material. En concreto, en el año 2023, en hebreo el 5783 porque se rige por el calendario lunar, quedan 217 años hasta el seis mil, hasta llegar al séptimo día o Shabat, el descanso, cuando el alma rebelará nuestro Mesías interior, es decir cuando el ser humano active las diez dimensiones del Árbol de la Vida, el mapa del alma en su camino ascendente hacia la Unidad.  Se acaban los tiempos, que no es el fin del mundo, sino un reseteo o limpieza que cambiará las reglas del sistema, tal y como las conocemos hoy.  En nuestras manos está en que ese final, no sea traumático, como ocurrió en el pasado con otras civilizaciones, como la del Diluvio, o Sodoma y Gomorra… Podemos revertir ese proceso. Tened en cuenta que somos muchos más que ellos, debemos unirnos y prepararnos para afrontar colectivamente, con la ayuda de las fuerzas del orden cósmico, el gran desafío al que se enfrenta la Humanidad. Dicen que todo está predeterminado, pero el Creador tiene siempre la última palabra y todo puede dar un vuelco.

Un artículo de María José Ros Urigüen, periodista y escritora. Ex corresponsal de Radio Nacional de España en Italia y Vaticano durante el pontificado del Papa Juan Pablo Segundo.

La Observación Cuántica de la Emoción

La visión cuántica de las experiencias humanas sugiere, tal y como hemos visto en anteriores artículos, que nuestra conciencia no es solo individual. Las emociones y pensamientos que experimentamos están influenciados por el entorno y la comunidad en la que vivimos. La mente no funciona de manera aislada, sino como parte de una red de conexiones e interacciones que moldean nuestra percepción del mundo.

La conciencia colectiva nos invita a ver nuestra identidad no como algo separado, sino como parte de una energía compartida que une a todos los seres. Lo que pensamos y cómo interactuamos con los demás influye en la manera en que comprendemos la realidad.

La emoción como experiencia opera en un nivel vibratorio moderado-alto, especialmente cuando se trata de emociones positivas como la gratitud, el amor y la compasión.

Al mismo tiempo es una herramienta clave para transcender el plano puramente material e interactuar con los niveles superiores de conciencia. Actúa como un puente entre el pensamiento racional y las experiencias más sutiles, como la intuición y los arquetipos, que también hemos descrito previamente.

Consideramos las emociones como expresiones de un campo cuántico más amplio, más allá de reacciones químicas en nuestro cuerpo (la cual cosa también es obvia), de tal forma que se convierten en experiencias que conectan la mente y el cuerpo.

La Experiencia de la Emoción en el humano

Tomando como referencia al Dr. Amit Goswami, entendemos nuestras emociones como manifestaciones de un campo cuántico más amplio, donde cada sentimiento puede transformarse y resonar con la vibración del universo. Las emociones son energía en movimiento, algo que vibra en un espacio no solo físico, sino también espiritual, lo que provoca que cada emoción sea única y dinámica. De esta manera, si somos capaces de reconocer la interconexión entre nuestras emociones y nuestro estado de conciencia, podemos empezar a adoptar un enfoque más proactivo hacia nuestra salud emocional y bienestar, permitiéndonos trabajar con las emociones en lugar de reprimirlas o ignorarlas. Esta visión destaca la importancia de comprender que nuestras experiencias emocionales no son simples, sino complejas interacciones de energía y conciencia, ofreciéndonos una poderosa herramienta para observarnos a través de ellas, y permitiendo la transformación tanto individual como de nuestro entorno.

En este sentido, las emociones vibran a frecuencias más altas que el pensamiento racional y la sensibilidad física, y pueden elevar la energía personal hacia estados superiores de conciencia. Pero al mismo tiempo, las emociones negativas, como el miedo o la ira, tienen una vibración más baja que puede limitar la conexión con niveles trascendentales.

Una vez más, la interacción y la experiencia se hace más positiva y profunda cuanto más nos acercamos a las experiencias agradables.

Ello no impide observar y percibir la experiencia de emociones desagradables, ahí está el reto de la observación y la trascendencia.

Características de la Experiencia de la Emoción

  • La emoción es Subjetiva y Sensorial: La emoción no está ligada a la lógica, sino a la percepción subjetiva y a como cada individuo interpreta un estímulo interno o externo. Aquí tenemos una clave importante que desarrollamos en el siguiente punto, que vincularemos con el anterior artículo relacionado con la sensitividad humana.
  • También es Energética y Dinámica: Cada emoción tiene una carga energética que afecta directamente tanto al cuerpo como a la mente. Las emociones positivas elevan la frecuencia vibratoria, mientras que las negativas la disminuyen. La idea es utilizar ese dinamismo a favor del restablecimiento de nuestro flujo natural de energía vital.
  • Está íntimamente conectada al cuerpo físico: Las emociones tienen manifestaciones físicas, como cambios en la respiración, la frecuencia cardíaca y la tensión muscular.
  • Normalmente es una experiencia transformadora: Las emociones pueden generar cambios profundos en los estados de conciencia, conectando el plano material con el espiritual.

Relación entre emoción y energía vital

Las emociones no son únicamente respuestas psicológicas y fisiológicas, también tienen una dimensión energética. Son expresiones de energía que fluyen a través del cuerpo de energía vital, un campo invisible pero fundamental que sustenta el bienestar físico, emocional y espiritual. Este cuerpo energético, a menudo relacionado con conceptos como los chakras en las tradiciones orientales, actúa como un puente entre la mente y el cuerpo físico.

El cuerpo de energía vital funciona como un sistema de flujo, en este sentido explicamos en el artículo IV la capacidad de percibir movimientos en ese flujo energético individual, que, aunque interactúa con el entorno, nutre a través de su naturaleza y coherencia a nuestro organismo.

Retomamos el esquema que utilizamos en su momento para ilustrar la relación entre Sensitividad, Cuerpo de energía vital y Emoción.

En este sentido, una emoción sería una experiencia en la que asociamos una percepción de movimiento en nuestro flujo de energía vital, al recuerdo asociado que almacenamos en la memoria sobre esa percepción.

Por ejemplo, retoma esa sensación de vacío momentáneo, como si tu cuerpo quedara suspendido por un instante, mientras tu estómago parece flotar dentro de ti, que experimentas cuando hay un cambio súbito de velocidad.

Esa sensación es neutra, es la percepción real del cambio de velocidad que experimentamos a través de nuestros sentidos y nuestra energía vital.

Si esa sensación la asociamos al recuerdo de una caída en bicicleta, la experiencia emocional puede ser desagradable; si la asociamos al recuerdo de estar con nuestros amigos en un parque de atracciones puede ser muy agradable.

¡Y aquí tenemos nuestra capacidad mental para reconducir los flujos energéticos!

Cabe destacar que cuando una emoción no se procesa adecuadamente, puede alterar el flujo energético, manifestándose en tensiones físicas o malestar emocional. Por ello cabe atender y poner conciencia a las emociones.

Lógicamente, es más fácil atender las positivas como el amor y la gratitud, puesto que generan patrones vibratorios fluidos y armoniosos con nuestra propia coherencia energética.

Se siente igual de importante atender las emociones negativas como el miedo o la ira ya que crean bloqueos y desequilibrios energéticos, interactuando de forma no coherente con nuestro flujo natural.

Limitaciones de la Experiencia de la Emoción

Narramos algunos ejemplos relacionados con la desatención a la experiencia emotiva:

  • Volatilidad: Las emociones pueden ser inestables y momentáneas, lo que dificulta su uso continuo como fuente tanto de reequilibrio energético como de conexión espiritual. Ejemplo: La alegría intensa puede ser temporal y fácilmente reemplazada por la frustración ante un problema.
  • Posibilidad de bloqueo energético: Hemos comentado que las emociones negativas, como el miedo o la ira, pueden bloquear la elevación vibratoria, limitando el acceso a niveles superiores de conciencia. Ejemplo: Una situación de estrés prolongado puede generar estancamiento emocional.
  • Subjetividad excesiva: Las emociones a veces tienden a distorsionar la percepción objetiva, lo que puede dificultar la toma de decisiones cuando requerimos de una implicación racional. Ejemplo: La tristeza puede generar un sesgo en el juicio, haciendo que algo parezca peor de lo que realmente es.
  • Dependencia externa: Algunas emociones dependen de estímulos externos, lo que puede generar poca solidez en el mantenimiento de la experiencia esos estímulos no están disponibles. Ejemplo: La felicidad basada en la aprobación externa puede ser limitada y frágil.

Por todo ello, la propuesta siempre se basa en atender la emoción como herramienta para utilizarla a nuestro favor, independientemente de que sea más o menos agradable.

Utilidades de la atención a Experiencia de la Emoción

Narramos algunos ejemplos de atención a la experiencia emotiva:

  • Elevación vibratoria: Atender conscientemente las emociones positivas, como el amor y la gratitud, se convierte en una herramienta poderosa para elevar la frecuencia vibratoria y conectar con niveles superiores de conciencia. Al mismo tiempo nos permite conectar con la parte más elevada de nuestro flujo y de nuestro ser. Ejemplo: Practicar la gratitud de forma consciente y diaria puede generar un estado de conexión con la parte más sutil de nuestra naturaleza y con nuestro entorno cercano, incluso facilitar la percepción con el campo cuántico.
  • Facilitación de la intuición: La emoción prepara el terreno para la intuición, creando una apertura que permite captar verdades más profundas o sutiles. No olvidemos que la emoción proviene (o puede provenir) de la percepción sutil de un movimiento en el campo energético, y ello se relaciona con la experiencia intuitiva que también va más allá de los sentidos físicos. Ejemplo: La experimentación consciente de empatía por alguien (piensa en una conversación con un niño), permite tener un acceso a la información sutil que abre el acceso a la intuición y la información sobre sus necesidades.
  • Impulso de acciones creativas: Las emociones son motores de la creatividad; no importa si son agradables o desagradables, los desengaños amorosos, por ejemplo, pueden ser fuentes de inspiración muy fértiles. Cualquier tipo de experiencia de pasión puede inspirar la escritura, u otra acción inspirada a través de esa emoción. La creación de arte o nuevos proyectos, son también impulsados en muchos casos por emociones que identificamos y atendemos conscientemente. Ejemplo: En general, el entusiasmo por un tema específico puede conducir a la generación de ideas innovadoras.

Integración emocional y energética

Las emociones no solo influyen en nuestra mente, sino también en nuestro cuerpo y energía vital. Según Amit Goswami, desarrollar una percepción consciente de estos movimientos energéticos permite comprender su impacto y promover un equilibrio interior.

  • La conexión entre cuerpo, emoción y energía. Las emociones generan sensaciones físicas como calor, presión o vibraciones, que indican cambios en la energía vital. Por ejemplo, sentir calor en el pecho al experimentar alegría refleja una expansión energética en esa área. A su vez, prestar atención a zonas de tensión, como la opresión en el abdomen, puede revelar bloqueos emocionales relacionados con el miedo o la inseguridad, tal y como hemos ido narrando previamente.
  • Impacto de la integración emocional. Procesar y liberar emociones conscientemente permite alcanzar un flujo energético equilibrado, favoreciendo el bienestar. A través de emociones positivas, es posible elevar la vibración energética, conectando con niveles superiores de conciencia. Además, transformar emociones negativas en positivas mediante el perdón, la gratitud o la meditación purifica el cuerpo vital y restablece su equilibrio natural. Ambas caras de la moneda agradable / desagradable son herramientas útiles para equilibrar nuestro flujo energético. Quizás no podemos estar siempre en estados elevados -por tanto agradables- de emoción, pero sí utilizar a nuestro favor esas experiencias.
  • Prácticas para armonizar emociones y energía vital. La mejor opción es ir moldeando nuestra propia práctica y atención a nuestros flujos. La propia toma de consciencia con relación a nuestro flujo, la dinámica constructiva de dedicar tiempo a observarnos puede ser la mejor opción. Aun así, podemos exponer algunas de las herramientas más utilizadas y conocidas.
    • Meditación y visualización: Concentrarse en los chakras y visualizar el flujo energético ayuda a liberar bloqueos y fomentar emociones positivas.
    • Respiración consciente: Técnicas como la respiración abdominal profunda facilitan la liberación de tensiones y estimulan el movimiento energético.
    • Movimiento físico consciente: A parte de las típicas actividades como el Yoga, Tai Chi, Chi Kun (…) la realización de prácticas deportivas que nos satisfagan como correr, nadar (…) de forma consciente asociada a cada movimiento también permite fortalecer la armonía entre cuerpo, emoción y energía vital.

La Observación Cuántica de la Intuición

«La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y ha olvidado el regalo.»

Albert Einstein

La intuición puede definirse como la habilidad para comprender o conocer algo de manera inmediata, sin necesidad de razonamiento consciente. Es, en esencia, un «sexto sentido» que nos permite tomar decisiones rápidas -a veces basadas en experiencias y conocimientos previos- que nuestro cerebro procesa de forma inconsciente.

Este concepto se conecta con lo que comúnmente llamamos «corazonada». Al dejarnos guiar por el corazón, prestamos atención a un foco de información más ligado a los sentidos internos que a los aspectos exclusivamente perceptivos o racionales. La corazonada, como una manifestación de la intuición, puede entenderse como una «intuición instantánea» que surge de manera puntual.

Desde una perspectiva más amplia, la intuición podría considerarse como una experiencia en la que conectamos con una información que trasciende lo accesible a través de los sentidos físicos o de las experiencias almacenadas en la memoria. Es una puerta hacia un conocimiento más profundo, sutil y personal.

La Visión Clásica de la Intuición.

«La intuición es algo muy poderoso, más fuerte que el intelecto, en mi opinión. Eso ha tenido un gran impacto en mi trabajo.»

Steve Jobs

A lo largo de la historia, la intuición ha sido valorada de diversas maneras, concediéndosele una mayor o menor importancia en función del contexto cultural y filosófico.

  • Platón: Consideraba la intuición como una forma superior de conocimiento, una herramienta que permitía al alma captar directamente las ideas eternas y la realidad más allá de los intermediarios perceptivos.
  • Santo Tomás de Aquino: Compartía una visión similar, aunque entendía la intuición como un don otorgado por lo divino, un acceso directo al conocimiento trascendental.
  • René Descartes: Definió la intuición como un conocimiento claro y distinto que no requiere razonamiento, destacando su importancia en la búsqueda de certezas absolutas.
  • Carl Jung: En la psicología moderna, Jung incluyó la intuición como una de las cuatro funciones psicológicas principales junto con el pensamiento, el sentimiento y la sensación. La consideraba una herramienta para conectar con el inconsciente y percibir verdades invisibles.

En todas las visiones se percibe una capacidad de traer a lo consciente aquello que viene de lo inconsciente.

La Intuición. Una aproximación cuántica.

«La intuición es como un músculo: cuanto más la escuchas y actúas según ella, más fuerte se vuelve.»

Sonia Choquette

Desde una perspectiva cuántica, la intuición se percibe como una experiencia de conexión -más o menos fugaz- con la información presente en el «Campo», el tejido energético que conecta todo el cosmos. Según esta visión, accedemos a dicha información a través de una resonancia vibratoria que ocurre cuando nuestra mente se sincroniza con esta energía sutil. Conectamos con la información que es coherente a nivel vibracional con nuestra propia vibración.

Desde esta visión, la Intuición se caracteriza por los siguientes aspectos:

  • Naturaleza: La intuición suele surgir de forma espontánea y aparentemente aleatoria. Sin embargo, entrenarla conscientemente puede fortalecerla y hacer esta experiencia más constante y consistente cuando aparezca. Cuanto más profundizamos en nuestro ser y cultivamos la atención plena, más reveladoras y frecuentes son las experiencias intuitivas.
  • Frecuencia Vibratoria: La intuición opera en un plano de alta frecuencia vibratoria, trascendiendo los sentidos físicos y conectándonos con la creatividad y la inspiración. Hemos explicado en otros artículos, que una mayor sutilidad implica una mayor frecuencia de vibración. Este fenómeno no depende de los procesos fisiológicos habituales, sino de una sintonía energética. Participar activamente en estados de alta vibración -como la gratitud o la alegría- facilita la aparición de experiencias intuitivas.
  • Aparición puntual y en estados vitales concretos: Las intuiciones suelen manifestarse en momentos de calma y relajación, cuando reducimos la actividad mental intensa y bajamos nuestra exigencia racional. En cierta forma, el “quitar” atención a la elaboración mental-racional, permite la apertura a esta experiencia. Es por esto que actividades como meditar, caminar en la naturaleza o estar inmersos en tareas creativas (dibujar, escribir, etc.) suelen propiciar estados óptimos para la intuición.

En estos estados de absorción, donde estamos presentes en una tarea concreta y conectados con el momento, se crea un espacio para que la intuición emerja de manera natural, como un flujo de información de claridad entre el ruido mental.

La Experiencia Intuitiva. El puente hacia la Creatividad y los Arquetipos fundamentales.

«La intuición es la puerta de entrada a la creatividad cuántica; es el vínculo entre nuestra mente consciente y el campo infinito de posibilidades que ofrece la física cuántica.»

Amit Goswami

A través de Amit Goswami, explicamos la experiencia intuitiva como una forma de conectar con los Arquetipos Universales y, de forma subyacente con la Cosnciencia Universal, los cuales explicamos en el segundo y tercer artículo de esta serie.

Estos arquetipos representan ideales universales como la verdad, la belleza, la justicia y el amor, entre otros. La intuición actúa como un puente que nos permite acceder a estos arquetipos, trascendiendo las limitaciones del pensamiento lógico y racional.

De hecho, según esta visión, podemos validar una intuición cuanto más la identifiquemos con alguno de los arquetipos fundamentales. Si una intuición se alinea con ideales universales como la verdad o la justicia, es más probable que esté reflejando una conexión genuina con la conciencia universal, en lugar de ser un simple impulso emocional subjetivo y pasajero.

Para Goswami, la conexión entre la intuición y los arquetipos no es solo una herramienta práctica, sino también una manifestación de la evolución de nuestra conciencia.

Este puente lo podemos observar desde las dos ópticas expuestas:

  • La conexión con el Arquetipo. La mente intuitiva capta patrones que existen en la conciencia universal y los «traduce» en ideas, corazonadas o percepciones para la mente consciente. Así, la intuición nos conecta con patrones y significados más profundos que no siempre son evidentes a través del análisis consciente. Es como si nuestra mente intuitiva pudiera «sintonizar» con esta conciencia universal para conectar con esos aspectos más fundamentales.
  • La conexión con la Creatividad. La intuición sería el punto de partida de la creatividad porque nos permite acceder a ideas y significados que no están disponibles a través del pensamiento lógico o convencional.  De esta forma nos permite captar nuevas ideas y significados que trascienden el pensamiento convencional. Se entiende la creatividad como el resultado de un “salto cuántico” en la mente. Este salto es intuitivo y nos lleva de un estado de comprensión limitado a una idea o solución completamente nueva e innovadora.

El Entrenamiento de la experiencia Intuitiva.

«El conocimiento no basta; debemos aplicarlo. La voluntad no basta; debemos hacer.»

Carl Jung

Vamos a mirar propuestas que permitan aportar solidez y coherencia a nuestras experiencias, con el objetivo de manejarnos desde una mayor certeza.

  • Momentos de Silencio y Reflexión

Dedica tiempo diario a estar en silencio, ya sea a través de la meditación, la atención plena (mindfulness) o simplemente desconectando de las constantes distracciones externas. “Más sentir, que pensar” en esa especie de mirada a nuestro estado interno más allá del recuerdo sobre las experiencias más recientes vividas.

Cultivar una especie de silencio activo, que rebaje el ruido mental y permita aflorar la información sutil vinculada a la intuición.

  • Prestar Atención a las Corazonadas

Da espacio a las corazonadas permitiendo dejar que su efecto tenga un mínimo recorrido, sin ser dirigidas por la influencia del raciocinio, especialmente si es desde ese estado de “piloto automático” que tanto utilizamos en el día a día.

Inicialmente esta apertura permite actuar sobre ellas en situaciones pequeñas y manejables. Esto fortalecerá la confianza en la intuición, porque le habremos dedicado el tiempo y atención a su utilidad y significado.

De esta forma, podemos avanzar en corazonadas que se sitúen en un contexto de mayor importancia o recorrido vital.

  • Incorpora la Creatividad en tu Rutina

Dedica un tiempo mínimo a actividades creativas que permitan explorar ideas nuevas y conectar con los arquetipos. La creatividad fomenta una conexión más profunda con la intuición. Resta tiempo a la parte automática que te genera la interacción social a través de dispositivos, escribe -a mano un diario, una reflexión del día, la frase de una canción, un momento concreto- pinta, cocina, dibuja (…) realiza cualquier actividad en la que adaptemos el ritmo a nuestro estado. Sin atender demasiado al resultado… lo importante es el proceso.

  • Evalúa Tus Decisiones desde los Arquetipos

Antes de tomar decisiones importantes, o de actuar en una dirección concreta ante una situación -en esos momentos relacionados con el silencio activo que antes comentábamos- pregúntate si las propuestas se alinean con los arquetipos fundamentales. Valora la idea de la cual participas ante esos arquetipos que se convierten valor en tu ser. Si estás decidiendo un cambio, toma conciencia sintiendo si esa decisión se alinea con tus valores más genuinos, si encaja en tu esencia. Eso se siente más que se piensa. Percibe si esa actuación te lleva hacia una experiencia de vida más grande.

  • Confía en el Proceso

Como cualquier otra habilidad tanto física como mental, la intuición y la conexión con los arquetipos son habilidades que se desarrollan con el tiempo, usándolas y poniéndolas en práctica. Experimentar y ver que no siempre conectamos de la forma que nos gustaría es parte del proceso, disfrutar y tomar las situaciones como un juego del ser ayuda a esa conexión. Ser paciente, disfrutar del viaje y no frustrarse, una vez más, son las claves para la optimización de la experiencia.

No es una obligación extra, es una herramienta para mejorar tu vida, no lo olvides.

La Observación Cuántica de la Sensibilidad

El movimiento ondulatorio del cosmos, en términos de expansión, interacción y equilibrio se ha demostrado y comprobado de una forma cada vez más precisa desde el siglo XX. En la actualidad, los avances tecnológicos y los instrumentos de recogida de datos permiten una confirmación cada vez más exacta de muchas de las teorías que el propio Nicola Tesla, Jacobo Grinberg u otros autores describieron con una maestría y genialidad muy adelantada a sus épocas.

En esta era de cambios -la mayoría tecnológicos y de capacidad de acceso a la información- se siente necesario (o, como mínimo coherente) hacer una propuesta de recalibración humana, personal.

La velocidad del ritmo de vida sugiere que la interacción cotidiana con tantos tipos de inteligencia se equilibre con la conexión con nuestra esencia, nuestro ser profundo, esa parte que todos albergamos en el interior. La propuesta pasa por permitirnos soportar la polaridad entre el mundo de la estimulación infinita y ese mundo interno que pide su propio ritmo esencial.

Una cosa está clara: La cantidad de información disponible, así como de propuestas de áreas de trabajo es inabarcable si no ponemos un criterio. Y cada vez más.

Tiene sentido, por tanto, adecuar la capacidad de acceso a la información y equilibrarla con la capacidad de percepción de los movimientos energéticos y la interacción con el entorno.

Calibrar un filtro que nos permita discernir qué nos puede resultar útil, qué está alineado con nuestro momento, y qué no.

La Visión Clásica de las Capacidades Perceptivas.

Comencemos con la visión de las capacidades perceptivas referidas a experiencias que percibimos, integramos y dotamos de significado a través la memoria y las capacidades sensoriales y mentales.

  • La Sensibilidad: En términos clásicos, se refiere a la capacidad de un ser vivo para percibir y responder a estímulos externos o internos. Esta capacidad se manifiesta en diferentes niveles:
    • Físico: La capacidad de detectar cambios en el entorno a través de los sentidos, como la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato.
    • Emocional: La habilidad de experimentar y responder a emociones, tanto propias como de otras personas.
    • Sensorial: La percepción de estímulos específicos a través de otros órganos sensoriales, como la sensibilidad al dolor, la temperatura, o la presión.
  • El Sentimiento: En términos clásicos, un sentimiento es una experiencia afectiva o emocional que se produce en respuesta a estímulos internos o externos. A diferencia de las emociones, que suelen ser más intensas y de corta duración, los sentimientos son más duraderos y reflexivos.
  • La Sensitividad: En términos clásicos se refiere a la capacidad de sentir como sinónimo de experimentar sensaciones. Esta capacidad queda íntimamente ligada por tanto, al sentimiento, y podríamos decir que se erige como la experiencia que precede a la elaboración mental de éste.

La Sensitividad Cuántica: La Capacidad de percibir los movimientos energéticos.

En realidad, siguiendo los parámetros de la ciencia cuántica podemos tener acceso a experiencias de captación de energía que van más allá de las propias capacidades perceptivas, y que tiene que ver con capacidades extrasensoriales.

Estas capacidades se están manifestando continuamente, no se desconectan al cerrar los ojos o al dormir, y se erigen como la base de nuestra capacidad de relación con el entorno.

Vamos a definir una serie de conceptos que nos acerquen a la visión cuántica de las percepciones.

  • La Energía Vital: Procediendo de la consciencia cuántica, la energía vital emerge como la manifestación activa y dinámica de esta energía universal. Esta energía vital insufla vida en los organismos, apoyando y regulando todas las funciones biológicas y emocionales. Es la corriente esencial que permite la existencia y el bienestar de los seres vivos. Cuando perecemos como seres vivos físicos, dejamos de formar parte indivisible de esa energía vital.
  • Los Campos Mórficos o Campos Morfogenéticos: Podríamos decir que, dentro del flujo de la energía vital, los campos mórficos desempeñan un papel crucial y específico al proveer la información necesaria para la organización y especialización celular. Estos campos guían el desarrollo y la función de las células, asegurando que se diferencien correctamente y desempeñen sus roles específicos en los órganos y sistemas del cuerpo.

Este concepto fue desarrollado por el Biólogo Rupert Sheldrake y explica por qué, en un momento dado del crecimiento embrionario, las células comienzan a replicarse con una especificidad para realizar funciones concretas y diferenciadas dentro del organismo.

Los Campos Mórficos son capaces de transmitir los movimientos del cuerpo de energía vital al organismo físico. Las zonas donde esas percepciones colapsan entre lo energético y lo corpóreo son los famosos Chakras.

  • La Sensitividad Cuántica: Esta idea o concepto de nuevo acuño, sugiere que nuestros sentimientos y emociones son manifestaciones de movimientos energéticos en el campo cuántico, y que somos capaces de percibir estos movimientos debido a nuestra conexión con la conciencia universal. Si nos vamos a la parte de nuestra experiencia individual relacionada con la unión a nuestro organismo, podríamos hablar de la capacidad de apreciar movimientos en nuestro cuerpo de energía vital, de forma que somos sensibles -sensitivos- a esos cambios que se dan.

Podemos decir, que el movimiento energético que somos capaces de percibir, se manifiesta casi al unísono con la percepción corporal que se genera en la unión del campo mórfico con nuestro organismo.

El Movimiento energético es neutro, mientras que en la manifestación a través de lo físico se suele mezclar con las respuestas condicionadas almacenadas en nuestro cerebro a través de la memoria, de tal forma que una percepción concreta, parece aportar un significado (Condicionado) concreto por la asociación que hacemos hacia nuestras experiencias previas.

En el siguiente apartado explicamos de qué forma se opera, desde la aparición del movimiento en el flujo vital, hasta la elaboración de una experiencia corpórea, la cual relacionamos con un pensamiento y emoción concretos.

El Proceso Perceptivo Cuántico: La Transducción Energética.

Este proceso de identificación, percepción y asociación a una respuesta de pensamiento y emoción concreta se da prácticamente en sincronicidad, aún así, tenemos la capacidad de identificar el movimiento energético originario del proceso.

Amit Gotswami explica que, desde el punto de vista de la sensibilidad humana, cuando sentimos (experimentamos la sensitividad cuántica), estamos identificando movimientos en el cuerpo de energía Vital, y de forma asociada, nuestros órganos se encargan de que percibamos ese movimiento, en el organismo, puesto que, como hemos visto, su funcionamiento se encuentra estrechamente vinculado a este flujo energético.

Interrelación entre los conceptos de Sensitividad, Percepción, Pensamiento y Emoción
  • Sensitividad Cuántica: A través de esta capacidad percibimos como la energía ambiental, las radiaciones electromagnéticas y las diferentes frecuencias vibratorias que se proyectan en el campo cósmico interactúan con el cuerpo de energía vital. De esta forma, se altera el flujo de energía interna a través del entorno. Es en ese momento donde tenemos la capacidad de determinar cómo interactuar entre nuestra energía esencial y el movimiento energético que se inicia. Si no tomamos consciencia, no afinamos esa antena, entramos en un proceso de asociación automática basado en las experiencias previas.
  • Percepción a través del Campo Mórfico: En un proceso prácticamente al unísono, ese movimiento genera una estimulación en nuestro sistema nervioso. Percibimos estos cambios desde el cuerpo vital y comienzan a procesarse en el cuerpo físico a través de los Chakras. Esta identificación puede ser consciente o subconsciente.
  • Intervención de la Memoria Racional: El cerebro racional empieza a buscar asociaciones lógicas y experiencias previas similares para interpretar el cambio energético y la sensación corporal. Se activa una significación que tiene mucho que ver con las vivencias y recuerdos almacenados en la mente racional.
  • Intervención de la Memoria Emocional: La memoria emocional agrega una capa de interpretación basada en experiencias pasadas, convirtiendo la sensación corporal en un sentimiento -emoción- específico.

Ámbito de intervención cuántica: Identificación de la raíz del Proceso.

¿Por qué se dice que la emoción es la clave para centrarnos en nuestro cuerpo energético? ¡Porque si hacemos, a través de la visualización y la consciencia el proceso inverso, podemos llegar a la identificación del movimiento energético causante de todo ello, es decir, al movimiento inicial!

Todos hemos sentido la emoción de apertura a una vinculación e intimidad con otra persona. Vamos a explicar el camino “de vuelta” para ir afinando la antena de la sensitividad cuántica.

Recorrido consciente para identificar el movimiento energético causante de la emoción.
  • Si eres capaz de identificar, de sentir el movimiento de la energía vital, entras en una vinculación más estrecha entre la parte energética y la manifestación -tanto física como mental- de tu realidad en su flujo constante de acontecimientos.
  • Si no te sientes especialmente adiestrado en este arte, no te preocupes, ¡perteneces al club más numeroso! la buena noticia es que siempre puedes identificar la emoción causada y deshacer el camino de migas que deja tu caperucita roja energética en su recorrido, puedes rastrear hacia atrás el recorrido. La Figura 2 explica el cómo.
  • Puedes entender la importancia que tiene el camino tanto de ida como de vuelta, si, en un momento dado potencias una emoción, esta influye directamente en una zona corpórea concreta, y podemos tomar conciencia de la relación que existe entre ese estado anímico y el funcionamiento de nuestro organismo. Esto es especialmente importante cuando nos referimos a la sintomatología asociada a emotividad y sensibilidad, por ejemplo, en el desarrollo de una patología.
  • Así, cultivar, entrenar, poner atención a cualquiera de las fases del proceso, te va a permitir la identificación -así como la intervención consciente- en la interrelación entre todos los elementos de la ecuación. Vas a poder poner consciencia en base a tu entrenamiento del sentir; este proceso, posiblemente no se cree de un día para otro, pero, una vez más, a mayor práctica, mayor avance.

La Observación Cuántica de los Arquetipos Universales

Seguimos en la serie de artículos dedicados a la divulgación de conceptos de la mecánica cuántica y su relación con la espiritualidad.

En el primer escrito hicimos una introducción a la visión general que puede aportar el Paradigma Cuántico, y seguimos en el siguiente exponiendo la Conciencia Universal como base de la existencia cósmica. En ese caso explicamos cómo esa máxima frecuencia vibratoria se convierte en la causa de todas las causas, y por tanto de todos los efectos que experimentamos.

A partir de aquí, es importante reflejar la idea que la ciencia cuántica expone sobre la existencia de diferentes planos de experiencia, diferentes dimensiones que, de forma conjunta, conforman el total de nuestra realidad.

Estas dimensiones, se ordenan, entre otros factores por la frecuencia vibratoria de las partículas subatómicas que forman parte del todo, esa red infinita de comunicación energética en el universo.

Para explicar los Arquetipos Universales, tenemos presente esta idea de multidimensionalidad.

Las frecuencias vibratorias de las que participan los arquetipos relacionados con el amor, la compasión o la empatía, por poner ejemplos, se sitúan en un plano al cual tenemos acceso (esta es la buena noticia) para poder experimentar a través de ellos en nuestro día a día como seres humanos. Accedemos a ellos cuando conectamos con esas frecuencias a través de nuestras experiencias de vida.

Al mismo tiempo, es importante recordar el principio de Causación Descendente.

Este principio permite entender que los fenómenos se crean (se causan) desde lo más sutil a lo más denso, desde la frecuencia vibratoria entre las partículas de los átomos más elevada a las frecuencias vibratorias más bajas.

Grafismo explicando la capacidad creadora a partir del Principio de Causación Descendente

En este escrito y en los sucesivos abordaremos diferentes fenómenos relacionados con nuestra experiencia de vida según una hipotética visión de gradación vibratoria de las experiencias. Podemos hacer un paralelismo con la escala de frecuencias vibratorias que estableció del Dr. David J. Hawkins. En ellas se genera una aproximación sobre la frecuencia que generan diferentes experiencias humanas que vamos acuñando en nuestra vida.

Escala vibracional según conciencia y emociones. Tomado de varias fuentes, por David J. Hawkins

Con ambas concepciones explicadas a través de los gráficos, podemos llegar a la conclusión de que tenemos mayor capacidad de creación conforme iniciamos nuestra experiencia desde la escala más sutil y elevada, hacia la escala más densa y material.

Evidentemente, la coherencia entre lo que generamos desde la visualización sutil, y lo que materializamos en nuestras acciones físicas, es el factor que nos permite acercar al máximo ambos extremos.

Aproximación al concepto de Arquetipo Universal.

Los arquetipos universales son modelos de comportamiento y patrones de pensamiento presentes en todas las culturas y sociedades humanas. Estos arquetipos son conceptos colectivos y atemporales que se manifiestan a lo largo de la historia y en diferentes contextos. Fueron explicados por Platón y revisados y popularizados por el psicólogo Carl Jung, quien los describió como imágenes primordiales y símbolos compartidos por la humanidad.

Nos referimos a aquellos conceptos que experimentamos en nuestra vida humana como “valores”, siguiendo los ejemplos anteriores: el amor, la compasión, empatía…

También podemos identificar aquellos instintos naturales de protección a un bebé, ayuda a alguien en peligro…

En el marco de la física cuántica, los arquetipos universales pueden entenderse como patrones de energía y conciencia que existen en el campo cuántico, que es la base subyacente de toda realidad. Estos arquetipos no son entidades fijas, sino frecuencias vibratorias y estados de información potencial que se manifiestan en la realidad física a través de la observación y la interacción consciente.

A través de nuestras experiencias humanas, de la vivencia de situaciones y de nuestras propias acciones, accedemos a esta dimensión elevada.

Establecemos un puente, una relación con esas frecuencias a través de conectar con esas experiencias en nuestro día a día.

De esta forma el Arquetipo universal sería aquella frecuencia vibracional, que a través de la experiencia humana nos permite conectar con el más alto nivel de sutilidad.

Podríamos decir también que los arquetipos son equivalentes a los valores que queremos transmitir en nuestra experiencia externa.

El Inconsciente Colectivo.

Tal y como explicaba el propio Carl Jung podemos decir que estos arquetipos forman parte del inconsciente colectivo.

Entendemos este Inconsciente colectivo como aquel fenómeno que se encuentra más allá de la acción consciente humana y que al mismo tiempo es común a esa misma experiencia humana de forma general.

En ese Inconsciente Colectivo se imprimen ideas sobre lo que es bueno o malo y otros aspectos de carácter universal como pueden ser los ejemplos a que nos hemos referido: la belleza, el amor, la compasión, el cuidado a un bebé…

También es cierto que se imprimen otra tipología de experiencias cercanas al miedo, a la ansiedad, a la ira… pero ya hemos explicado que, por coherencia con la vibración, no podemos tomar de referencia esas vibraciones como elementos en que se base nuestro principio creativo.

Volviendo al Arquetipo de “alta calidad” podemos decir que, sin ningún tipo de distinción de edad, edad, raza, época o sociedad, conectamos con una parte del Campo Unificado que contiene la información arquetípica.

Desde la perspectiva de la física cuántica lo entendemos como una red interconectada de energía e información que abarca todas las mentes humanas.

Así, la mejor labor que podemos realizar es traer a la experiencia consciente todo lo que los arquetipos universales nos aportan, independientemente que estén alojados en un campo de acción inconsciente.

Esta labor de poner consciencia nos resultará útil tanto para nuestro bienestar individual, como para la contribución a nuestro entorno.

Como ya hemos explicado, a través de nuestras experiencias, podemos enlazarnos a ese “subcampo arquetípico” y cuando experimentamos estos arquetipos, estamos elevando una parte de nuestra energía a una capa realmente sutil.

Tomando una interpretación de Goswami, podemos explicar que a través de una experiencia interior -la conexión con un arquetipo de bondad- proporcionamos un contexto idóneo para pensamientos y sentimientos nobles y creativos.

De hecho, para nuestros más elevados pensamientos y nuestros más nobles sentimientos.

La conexión con el arquetipo

Estamos acostumbrados a lidiar con nuestros pensamientos, emociones, sensitividades y sentimientos de una forma interna, podríamos decir que desde una experiencia individual.

En el momento que “traemos” a la consciencia una experiencia de estas características establecemos un puente entre nuestro flujo energético individual y el “campo arquetípico”.

Generamos una coherencia cuántica vital entre nuestra energía individual y esta tipología de fenómenos, y así trasladamos el fenómeno hacia lo colectivo, lo compartimos.

Accedemos a través de nuestra experiencia individual, a ese espacio que es universal y colectivo y que carece de limitaciones, puesto que como humanos venimos de serie preparados para acceder a ese campo, que es supramental. Vamos más allá de nuestra parte mental individual.

Nos enlazamos con una parte del campo unificado que tiene sus propios flujos energéticos, tal y como hemos explicado, y experimentamos desde ahí esa interacción energética.

Y la recibimos en el pensamiento, en la emoción y en la sensación corpórea, elevando nuestra frecuencia vibracional y participando de una experiencia sutil, sublimada.

Ahí nos permitimos acceder a nuestros pensamientos más puros, limpios, elevados, nobles… y desde ahí, por el principio de causación descendente, tenemos mayor capacidad de crear y moldear nuestras experiencias.

Conclusiones Prácticas

A modo de resumen, restando teorización y tecnicismos, la ciencia cuántica a través de sus estudios y conclusiones, aporta validez a las siguientes ideas:

  • Los arquetipos universales son espacios de interacción energética que interaccionan en una frecuencia energética elevada dentro del campo unificado.
  • Como humanos, tenemos la capacidad de conectar con esas frecuencias, independientemente de edad, raza, sexo, estado o momento vital.
  • La conexión con esas frecuencias se puede realizar de forma consciente o inconsciente, en cualquier caso, identificar cómo se manifiesta esa frecuencia en nuestra experiencia, cómo se expresa, cómo se siente y cómo la recordamos, nos permite darle mayor solidez.
  • En nuestra actividad diaria, tenemos múltiples oportunidades de conectar con esa dimensión.
    • Conectar de forma consciente nos amplifica capacidades creativas y creadoras.
    • Conectar de forma inconsciente nos eleva aunque esa noble intención se puede diluir, ya que no tiene el sustento que le da la conciencia.
    • No hacerlo nos deja en un estado basal de vibración, no quiere decir que sea malo, pero puesto a experimentar, porqué no hacerlo desde nuestra mejor versión.

Al conectar con esa frecuencias se nos amplifican diferentes oportunidades.

  • Por un lado, tenemos acceso a nuestra versión más elevada, participamos de la visualización, actitud, intención, emoción y acción a la que podemos llegar en cada momento. (Ojo, no estamos diciendo que siempre lleguemos al estado máximo, si no que nos permitimos experimentar desde nuestro estado óptimo en cada momento presente).

Esta práctica, permite recibir y registrar nuestras experiencias, como mínimo, desde un estado de mayor optimismo.

  • Por otro, tenemos acceso a una mayor capacidad de moldear nuestra vida, puesto que al actuar iniciando desde lo sutil, por principios cuánticos, las posibilidades de materialización en lo físico se multiplican.

Aquí reside nuestra elección, somos libres de tomar cualquiera de los caminos.

La visión cuántica de la Conciencia Universal

Contexto de la Creación a partir de la ciencia cuántica

“Existe un principio creador inteligente, generador de cualquier tipo de creación”

Partimos de la visión cuántica de la existencia, que considera que existe una conciencia universal la cual es la base creadora del universo. Esta idea principal, la desarrollamos en el primer artículo “La observación cuántica de la existencia”.

Así, estamos ante una visión científica, que comparte con otras concepciones la idea de un elemento inicial, creador de todo lo que acontece en el universo.

A nivel energético, de partículas subatómicas, la consciencia universal opera desde el más alto nivel de vibración y sutilidad. Es la frecuencia vibratoria más elevada y más ligera, si se permite esta expresión.

A partir de esta premisa inicial, se materializan las diferentes formas de expresión de vida, tanto en los aspectos más sutiles como en los más materiales.

Así el principio cuántico de Causación Descendente, explica que las experiencias se generan  –se causan– desde la frecuencia de vibración más elevada o sutil, hacia la frecuencia de vibración más baja o densa.

Por tanto, las causas de las experiencias que vivimos se generan en los niveles más sutiles, y sus efectos se manifiestan progresivamente en los niveles más densos.

Esta visión, que tiene un respaldo basado en experimentos científicos, nos permite situarnos como cocreadores de nuestra propia experiencia de vida.

La clave es situarnos en las capas más sutiles de nuestra experiencia -por tanto, en las causas- para ir desarrollando los efectos en las capas más densas de nuestra experiencia, todo ello sin perder la continuidad y correlación entre esos niveles.

A partir de esta idea principal, exponemos una serie de conceptos, que nos permiten entender cómo podemos operar desde esta visión.

La Consciencia Universal, el principio Creador de todo

“Todos somos uno, en esencia no tenemos una identidad propia”

¿Has escuchado o leído alguna vez esta afirmación? ¿Cómo podemos llegar a entender que todos formamos parte de un mismo universo, de una forma unificada, no desde la individualidad?

Existen disciplinas como el misticismo, la metafísica, los estados meditativos… que aportan conclusiones parecidas sin utilizar la calibración que proporcionan las mediciones obtenidas a través del método científico.

Por otro lado, encontramos diferentes teorías y conceptos que nos acercan a esta realidad a partir de la mecánica cuántica.

El Big Bang y la expansión de la energía cósmica.

La teoría más aceptada sobre el origen del universo es el Big Bang, que sugiere que éste comenzó como una singularidad extremadamente caliente y densa que se expandió hace aproximadamente 13.8 mil millones de años.

La propia visión científica de la creación, necesita que exista un principio creador, puesto que la ciencia no acepta que algo surja de la nada, a este principio le llamamos conciencia universal.

La idea de que el Big Bang genera una expansión sutilizándose a partir de esa densidad singular inicial es totalmente coherente con la percepción de la conciencia universal como el estado de más alta vibración y frecuencia.

El Campo Unificado.

La teoría del campo unificado sugiere que todas las fuerzas fundamentales y partículas del universo están conectadas en un campo único. En este sentido se puede explicar la concepción de una continuidad en el espacio / tiempo, más allá de lo que percibimos como exclusivamente material o sólido.

En un sentido filosófico, esa teoría de compartición del medio apoya la idea de una conciencia universal que actúa como base de toda la realidad, unificando cualquier manifestación de vida.

Conciencia Cuántica.

En una visión científica, los autores Penrose y Hameroff, sugieren que existen unos procesos cuánticos dentro del cerebro que podrían ser responsables de la conciencia local humana.

En sus estudios se vinculan las estructuras microtubulares dentro de las células cerebrales, a procesos cuánticos que contribuyen a la formación de la conciencia humana individual, tal y como acabamos de citar.

Estos hallazgos permiten entender la experiencia humana como un fractal de la totalidad del cosmos.

Extendiéndose a una escala cósmica, algunos teóricos sugieren que el universo mismo podría poseer una forma de conciencia cuántica.

Llevado a una concepción metafísica, filosófica e incluso religiosa, la concepción de fractalidad sería equivalente a la expresión de “Dios hizo al humano a su imagen y semejanza”.

Multiverso y Realidades Paralelas

La teoría del multiverso sugiere que existen múltiples universos o planos de realidad paralelos.

Hemos explicado que el campo unificado comprende la interacción energética entre todos los estados de la materia (sólido, líquido, gaseoso, plasmático).

El principio de entrelanzamiento cuántico, explica que las partículas subatómicas pueden comunicarse e interactuar independientemente de las magnitudes de espacio y tiempo.

Estas dos teorías unidas, presuponen la existencia de una energía sutil de alta frecuencia, y que no obedece a las leyes de la localidad.

Está demostrado científicamente que las interacciones cuánticas, se ejecutan en diferentes dimensiones, al margen del espacio y el tiempo.

A partir de aquí, la idea de experiencias en realidades paralelas, es perfectamente demostrable.

Una aportación actual, la visión del Dr Sans Segarra.

En la actualidad encontramos revisiones como la del doctor Manuel Sans Segarra, que permite integrar muchos de estos conceptos a partir de las experiencias cercanas a la muerte (ECM).

En su actividad médica, se ha encontrado con estos sucesos en pacientes que han sido diagnosticados de muerte clínica, y posteriormente han podido ser reanimados.

En ese período de muerte clínica, algunos pacientes experimentan una especie de fusión con el entorno, lo que sería el equivalente a elevar la frecuencia vibratoria de la energía vital humana, hasta la de la consciencia universal creadora.

Para llegar a esa coherencia vibracional, a través de la muerte clínica, o la pérdida puntual de las constantes vitales, refieren una salida del cuerpo, un abandono de la estructura física.

Sienten que experimentan la unidad energética, de la cual formamos parte.

La energía vital que da vida a toda nuestra estructura celular, en cierta forma se libera y se sutiliza cuando ya no le transfiere la vida al cuerpo.

Al revivir después de su recuperación, muchos pacientes refieren esas sensaciones, las cuales se han recopilado con método científico para abordar el estudio de esos fenómenos.

La conclusión sería que, al abandonar el cuerpo, al salir de la estructura física densa, nuestra energía vital -nuestro espíritu- encuentra una coherencia vibracional con esta Conciencia Universal a través del campo unificado.

Si bien la fusión con la Conciencia Universal podría ser un estado vibracional altamente elevado, como mínimo se relata la fusión con una unidad energética más allá de nuestra individualidad.         

Conclusiones prácticas

“El TODO es Mente; el universo es mental”

El Kybalion

Tanto las evidencias científicas, las teorías filosóficas, como las enseñanzas místicas, nos llevan a la conclusión de la existencia de una CONCIENCIA UNIVERSAL, el principio creador, da igual si le llamamos Big Bang, Dios, la Fuente, el Todo…

  • En una visión energética, este principio opera desde lamás alta Frecuencia Vibratoria. Por tanto, se erige como la más sutil de las experiencias.
  • A nivel cuántico, según el principio de Causación Descendente, su naturaleza es la de la más alta capacidad de creación.

Su máxima frecuencia vibratoria la convierte en la causa de todas las causas, y siguiendo esa lógica, también de todos los efectos que se generan en las estructuras más densas.

El hecho de que las partículas subatómicas estén a una vibración “máxima” confiere la capacidad de mayor creación, es el estado más “ligero” y desde del cual, al bajar de frecuencia las experiencias van tomando materialización.

  • Interacción desde la experiencia humana: Desde nuestras estructuras físicas materiales, se supone muy difícil la conexión con esta frecuencia, puesto que implicaría fundirse con ella. Sin un desarrollo y aprendizaje, la materia que conforma nuestro cuerpo no interactúa de forma coherente con esas elevadas vibraciones. Entonces, ¿cómo podemos acompasar nuestro organismo a la interacción con el campo unificado? Abrimos la puerta en el siguiente punto.
  • Desde nuestras estructuras mentales y emocionales, y desde nuestra capacidad de percibir la energía de forma extrasensorial (de forma ajena a nuestros sentidos físicos) podemos acercarnos más a esa frecuencia vibratoria.

Tenemos herramientas que nos vienen de serie para interactuar con el medio a través de acompasar las frecuencias vibratorias de las estructuras atómicas y subatómicas.

Sí, tenemos la capacidad de modificar estados vibratorios internos, e incidir en los externos, puesto que el campo es uno unificado, independiente de las fronteras que nuestros sentidos físicos (especialmente vista y tacto) sugieren.

Dicho de otra forma, podemos interactuar con las capas sutiles, con las causas de las experiencias que generan efectos en las capas más densas.

Podemos desarrollar la capacidad de percibir e interactuar con la energía vital que proporciona la vida a nuestro organismo.

Podemos utilizar los pensamientos y emociones de forma que aumentemos su frecuencia vibratoria.

Podemos entrenar y optimizar la percepción de las energías que operan al margen de nuestra energía vital, no olvidemos que la energía no se crea ni se destruye, sino que se transforma, y que el campo de acción energética está unificado.

La transformación de nuestra propia energía, y la interacción con el medio se convierte en una decisión consciente, no es una mera posibilidad remota.