La Observación Cuántica del Pensamiento

La mente es la voz de la conciencia cuando sintonizas su frecuencia. Pensar en coherencia es crear armonía.

Introducción: Pensar también es crear

Cada pensamiento que elaboras deja una huella. No solo en tu mente, sino también en tu cuerpo y en el entorno. Desde la visión cuántica, el pensamiento es una forma de energía: una vibración que puede influir en la realidad. Cuando piensas, estás emitiendo señales que ordenan -o desordenan- tu campo energético.

Por eso, no es lo mismo pensar desde el miedo o la duda que hacerlo desde la calma, la confianza o el amor. Cada pensamiento tiene su frecuencia, y esa frecuencia interactúa directamente con la manera en que te sientes, actúas y conectas con los demás.

El pensamiento por tanto, se muestra como una frecuencia sutil y al mismo tiempo poderosa que influye tanto en tu biología como en la calidad de tus experiencias.

Si en los artículos anteriores abordamos la sensibilidad, la intuición o la emoción como expresiones de conexión con los planos más sutiles del ser, ahora observamos el pensamiento como el puente que une lo sutil con lo material. Es el puente entre la conciencia y la forma, entre la intención y la acción.

El pensamiento se elabora y ordena mentalmente a través de la palabra, del significado que otorgas con tu lenguaje.

Es por ello que lo consideramos la puerta a la manifestación. El pensamiento se organiza en palabra. Tu palabra genera tu realidad.

El pensamiento como puente entre energía y materia

En el paradigma cuántico, el pensamiento no se limita exclusivamente a un proceso mental, que obviamente lo es. Es una forma de energía organizada, una frecuencia que traduce información del campo cuántico hacia nuestra experiencia humana.

Podemos imaginar el pensamiento como un puente entre el mundo invisible de la conciencia y el mundo visible de la materia. Primero aparece una idea, una intención, una imagen. Luego, si la sostenemos con presencia, esa idea empieza a tomar forma: se convierte en palabra, y a partir de ahí, evoluciona en acción y en experiencia. Esto posibilita que nuestros pensamientos sean una herramienta poderosa de creación, de hecho, el paso inicial hacia la acción que crea la realidad.

Lo que mantenemos en la mente acaba reflejándose en nuestra vida de un modo u otro. Por eso, observar cómo pensamos es una forma de conocernos y de dirigir nuestra energía hacia lo que realmente deseamos. Por ejemplo, si cada mañana al despertar lo primero que aparece en tu mente es “va a ser un día pesado”, el cuerpo empieza a prepararse para el esfuerzo y la tensión. Pero si eliges observar ese pensamiento y sustituirlo por “hoy voy a avanzar con calma y claridad”, la respiración cambia, tu energía se relaja y todo el día se orienta desde otra vibración. En la experiencia posterior hay que seguir sosteniendo la vibración de esa nueva intención hecha pensamiento y palabra. Hay que avanzar con la acción coherente con lo expresado e intencionado. En ese paso mental, te decantas hacia una dirección.

La coherencia entre mente y corazón

La ciencia ha demostrado que el cuerpo responde a lo que pensamos. Cuando la mente se centra en pensamientos positivos o constructivos, el ritmo del corazón se vuelve más regular y armónico. Eso genera un estado de bienestar, claridad y equilibrio. De la misma forma, el corazón, a través de su campo electromagnético, también genera impulsos que la mente puede acompañar

Esa coherencia es armonía, es vida. Investigaciones como las del HeartMath Institute o los estudios sobre la coherencia cardíaca muestran la interacción entre pensamientos y emociones y los ritmos del corazón y del sistema nervioso.

Si el corazón tiene una enorme influencia -energéticamente demostrada- en el campo de influencia de tus pensamientos mentales, el camino de vuelta también dirige la experiencia. Acompaña a tu sentir del corazón con la mejor versión de ti expresada en palabras. Ahí está la coherencia. Ahí radica la responsabilidad de hacerte cargo de tu experiencia.

El entrenamiento cuántico trabaja precisamente esta coherencia. A través de la respiración, la atención y el movimiento, aprendemos a unir mente y cuerpo en una misma dirección. Pensar desde el cuerpo -y no solo desde la cabeza- nos ayuda a sentir lo que pensamos y a pensar lo que sentimos.

Pensamiento, observación y creación

Pensar es observar. Cada pensamiento actúa como un colapso de onda, una elección que trae una posibilidad a la existencia. El campo cuántico ofrece infinitas opciones; la mente, al enfocarse, selecciona una de ellas.

Si habitas la realidad desde el pensamiento automático, la elección sigue el automatismo. Repites patrones, revives las mismas emociones y proyectas las mismas historias. Ese automatismo es útil para muchas tareas cotidianas, y te ayuda a llevar a cabo labores de interacción y supervivencia sin emplear un exceso de energía. Así actúas al conducir al trabajo de forma automática, mientras ocupas tu mente con otros aspectos sin que te evadas totalmente del volante. Actúas en piloto automático, y te sirve.

Por otro lado, cuando el pensamiento se vuelve consciente, cuando lo acompañas con presencia y atención vibracional, se transforma en acto creador.

Determinar cunado dejar la experiencia a la parte automática y cuando tomar consciencia creadora te aporta el equilibrio necesario para vivir tu día a día en armonía. No necesitas recoger tu habitación poniendo una atención especial a cada detalle, simplemente satisfaces una tarea. No te reconoces en una conversación profunda, que te toca, elaborando tu discurso de forma automática. Te disocias de quien eres. En cierta forma, te sustituyes por una dinámica inconsciente.

Hay muchas maneras de tomar consciencia de cómo pensamos, podemos elegir entre múltiples opciones: visualizaciones, yoga, Taichi… en cualquier caso, la capacidad de anclar nuestra intención al organismo a través del movimiento, se transforma en una herramienta muy poderosa.

En la práctica, desde el entrenamiento cuántico, esta observación se entrena a través de gestos y rutinas sencillas, veamos algunos ejemplos:

  • Respirar con atención cuando aparece un pensamiento repetitivo. Tomar un movimiento concreto de ancla cuando lo redirigimos.
  • Elegir una frase o un mantra que represente la dirección que queremos dar a nuestro día. Potenciarla en el calentamiento de nuestra sesión inicial de entrenamiento matutina.
  • Asociar el movimiento del cuerpo con una intención clara: caminar con un ritmo concreto, una respiración acompasada y unos comandos que implementen la intención que quiero transmitir a mi organismo a través del pensamiento.

Pensar con conciencia

Abrimos paso al tratamiento que vamos a dar a las creencias en el próximo artículo. Con el tiempo, los pensamientos que repetimos se convierten en creencias. Estas creencias se instalan en nuestra psique. Hemos visto que los actos automáticos se basan en pensamientos automatizados que hemos ido insertando en nuestro día a día. De ahí a generar una creencia automática solo necesitas la repetición constante. Tu mente racional puede olvidar un pensamiento, pero tu cuerpo energético -y biológico- lo conserva en forma de frecuencia, y se instala tu creencia. De eso hablaremos en el próximo artículo.

Por eso, observar cómo piensas es también una forma de reprogramar tu mente. Cuando elegimos pensamientos coherentes, no solo cambiamos nuestra actitud: cambiamos la vibración que emitimos al mundo. Pensar con conciencia es un entrenamiento diario. No se trata de controlar la mente, sino de acompañarla.

El control total y absoluto puede resultar agotador.

Sin embargo, si dejas espacio a que las ideas pasen, sientes cómo resuenan en el cuerpo y eliges las que te acercan a la calma, el cambio es más importante de lo que puede parecer. Míralo así: cada pensamiento consciente es una oportunidad de reprogramación vibracional. Al mantener pensamientos coherentes y presentes, deshaces los patrones que sostenían emociones repetitivas o densas. Lo que antes era automático, se convierte en elección. Lo que antes era ruido mental, se convierte en claridad. No se trata de juzgarte cada vez que entres en patrones inconscientes y repetitivos. Se trata de darte cuenta y hacer pequeños cambios en tu actividad mental.

No busques el resultado, observa el camino.

Aplicación práctica: entrenar la mente vibracional

Atender el pensamiento no significa dominarlo completamente, sino escucharlo desde otro plano de conciencia. Está comprobado cómo las frecuencias cerebrales medidas en Herzios predisponen a diferentes estados de actividad. Las frecuencias más lentas y con mayor amplitud de onda predisponen al descanso, la calma y la regeneración. Las frecuencias más rápidas y con menor amplitud de onda, a la acción y a la resolución. La clave está en habitar mentalmente la zona mental que tu presente te requiere.

En las sesiones de entrenamiento cuántico se proponen ejercicios sencillos pero profundos para cultivar esta habilidad:

  • Observar los pensamientos sin identificarse con ellos. Reconocer su tono, su vibración, y cómo se reflejan en el cuerpo.
  • Respirar con el pensamiento, sincronizando mente y ritmo cardíaco.  Al inhalar, recibir; al exhalar, soltar.
  • Elegir pensamientos de alta frecuencia. Repetir internamente comandos vibracionales que expandan la energía: amor, gratitud, confianza. Utilizar los arquetipos que comentamos en el artículo dedicado a ellos es una buena herramienta.
  • Integrar movimiento consciente. Caminar, correr o practicar una sesión de fuerza, asociando cada gesto a una intención mental. Así, el pensamiento se convierte en movimiento energético.

Con la práctica, la mente deja de ser una fuente de dispersión para convertirse en un canal de coherencia y creación. Cuando el pensamiento se alinea con la conciencia, se disuelven las fronteras entre lo que imaginas y lo que vives.

Conclusión

El pensamiento es el traductor entre el lenguaje de la conciencia universal y la experiencia humana.

Es el punto donde la energía se organiza para tomar forma, y por tanto, el espacio donde comienza toda creación. Antes del pensamiento y de la palabra está el caos: un estado útil y poderoso. Desde el pensamiento y la palabra dirigimos la intención dentro de las posibilidades del caos.

Entrenar el pensamiento es entrenar la realidad. Aunar corazón y mente es el mejor método. Cuando aprendemos a pensar desde el corazón, el pensamiento deja de ser ruido mental y se convierte en lenguaje vibracional del alma.

Cada pensamiento consciente es una chispa de creación. Cuando la mente se aquieta, la conciencia crea.