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La observación cuántica de la creencia

Introducción

Damos por hecho que pensamos libremente. Pero muchas veces lo que llamamos pensamiento no es más que la voz de algo más profundo: una estructura silenciosa, a veces oculta, que interpreta la vida por nosotros. El pensamiento va y viene; cambia, se mueve, se transforma.

Sin embargo, en un nivel más profundo, una creencia permanece. Es más estable, más antigua, más arraigada. No siempre la identificamos, pero actúa como un filtro que decide qué consideramos posible, qué nos permitimos sentir y qué damos por verdadero incluso antes de razonarlo.

Hay instantes en los que intuimos que no es la mente la que está reaccionando, sino un patrón interno que lleva mucho tiempo acompañándonos. Como si hablara desde un lugar previo, casi automático.

Explorar el territorio donde nacen las creencias es un acto de claridad y valentía. Porque ahí descubrimos que nuestra realidad interna no está hecha solo de pensamientos sueltos, sino de estructuras profundas que condicionan nuestra manera de mirar, de interpretar y de vivir. Observar nuestras creencias es identificar la raíz desde la que la experiencia empieza a desplegarse. Y ese gesto, simple y honesto, abre un espacio nuevo para comprendernos de verdad.

Dos maneras de entender tus creencias

En una visión clásica, probablemente has visto tus creencias como ideas que has ido aprendiendo: frases que escuchaste muchas veces, conclusiones que sacaste en algún momento. En definitiva, parecen opiniones que repites casi sin darte cuenta, puesto que ya forman parte de ti. Desde ese enfoque, una creencia parece simplemente un pensamiento reforzado por la experiencia.

Si miras con más atención, descubres algo más profundo: una creencia no actúa como un pensamiento aislado, sino como la base desde la que piensas. Es un acuerdo interno que adoptaste en algún momento y que ahora funciona como si fuera verdad. Moldea tu pensamiento desde ahí.

¡La mirada cuántica te invita a ir aún más lejos! Desde esta perspectiva, una creencia no es solo una idea insistente: es un patrón interno estable, una frecuencia que organiza tu manera de interpretar la vida. No es lo que dices que crees, es lo que opera internamente incluso cuando no lo dices. Por eso tú puedes vivir una situación y sentirla como un bloqueo, mientras otra persona, en las mismas circunstancias, ve una oportunidad. Cada cual interpreta desde su estructura interna: desde aquello que considera alcanzable, seguro o posible.

Míralo así: el pensamiento describe lo que ves mientras que la creencia determina lo que puedes llegar a ver. Quizás no reaccionas al mundo tal como es, sino al patrón interno que lo ordena antes incluso de que tú lo interpretes.

¿Dónde viven tus creencias?

Tendemos a pensar que nuestras creencias están en la mente, como si fueran ideas almacenadas en algún rincón del pensamiento. Esto es cierto, pero algo incompleto. Si prestamos un poco más de atención, vemos que muchas creencias no solo se piensan: se sienten. Están en la forma de respirar, en cómo se tensa el cuerpo ante un desafío, en la manera en que nos abrimos o nos cerramos ante aquello que creemos que puede suceder

Aquí es donde la visión de Bruce Lipton aporta una pista interesante.

No hace falta entrar en detalles biológicos para entender su propuesta esencial: tu cuerpo no responde solo a lo que piensas, sino a los patrones internos que llevas grabados, incluso aquellos que no recuerdas haber elegido. Esos patrones actúan como programas automáticos que influyen en cómo te mueves por la vida. Por eso a veces te propones cambiar, pero tu cuerpo reacciona como si siguiera viviendo en la versión antigua de ti mismo. No es incoherencia: es que tu creencia más profunda está actuando al tiempo que tu intención consciente.

Míralo así: una creencia no solo está en tu mente… también está en tu postura, en tu energía, en tu forma de anticipar lo que viene. Está en ti incluso cuando no la estás formulando. Y para entender cómo llegó ahí -y por qué sigue actuando- necesitamos mirar de dónde nacen realmente nuestras creencias.

¿Dónde nacen tus creencias?

Tus creencias no aparecen de la nada. Se forman a lo largo del camino vital, la mayoría de veces sin que lo notes. Algunas nacen de la repetición: escuchaste tantas veces un mensaje (interno o externo) que acabó convirtiéndose en una verdad interna. Otras vienen del entorno, de lo que viste, imitaste o comprendiste de forma intuitiva cuando aún no tenías lenguaje para explicarlo. Algunos autores sugieren que en esos años tempranos se fijan la mayoría de ellas.

Hay creencias que surgen de un impacto emocional. Un éxito inesperado, un rechazo, una pérdida o una experiencia intensa pueden fijar una interpretación que luego se mantiene activa durante años. Estas son muy representativas para todos y seguro que te identificas con más de una.

Y muchas otras se forman por pertenencia: adoptamos lo que nos ayuda a encajar, lo que nos hace sentir parte de un grupo o de una historia familiar.

En cualquier caso, podemos identificar dos capas:

  • Las creencias heredadas, que absorbiste sin darte cuenta.
  • Las creencias propias, que construiste a partir de tus decisiones y experiencias.

La mayoría se consolidaron antes de que fueras consciente de que existían. Se asentaron en tu forma de sentir, en tu manera de reaccionar, en lo que interpretabas como normal o inevitable. Y, con el tiempo, dejaron de parecer ideas para convertirse en parte de tu identidad.

La buena noticia es que ninguna creencia está escrita en piedra. Son profundas, muchas veces ocultas en primera instancia, pero igual de flexibles para ser tratadas que otras capas de experiencias como las que ya hemos tratado en esta serie de artículos.

En el Entrenamiento Cuántico partimos precisamente de esa premisa: lo que se grabó sin consciencia puede transformarse con presencia. Llevamos lo mental e interno a la práctica deportiva. No hace falta técnicas complejas ni grandes revelaciones; basta con empezar a mirar de dónde viene cada creencia y reconocer que no todas necesitan seguir siendo tus verdades.

Piensa, por ejemplo, en alguien que cree que “no tiene resistencia”. Quizás no es una verdad, sino una interpretación que nació de un mal primer entrenamiento, de haberse cansado demasiado pronto o de compararse con alguien más preparado. Con el tiempo, esa sensación se convirtió en creencia. Pero si esa persona vuelve a entrenar desde la presencia -respirando mejor, regulando el ritmo, escuchando su cuerpo en lugar del recuerdo- descubre que puede sostener más de lo que creía. La creencia antigua se suaviza, y una nueva empieza a tomar forma.

La creencia como límite o como expansión del campo

Cada creencia que almacenas funciona como un molde interno. Y lo más importante es que no importa si eres consciente de ella o no: ese molde organiza de forma silenciosa la manera en que percibes las situaciones, las oportunidades y hasta tus propias capacidades. Por supuesto, también influyen tu cuerpo, tus emociones, tu historia, tu nivel de energía y hasta el estado del día. Aun así, la creencia tiene un papel decisivo: es el tono de fondo desde el que interpretas lo que te ocurre.

Por eso no basta con decir “a partir de hoy voy a creer otra cosa”. La mente consciente puede decidirlo, pero la mente subconsciente sigue enviando señales al organismo basadas en lo que conoce, en lo que ha vivido, en lo que interpretó como verdadero durante años. Recuerda que, como apunta Bruce Lipton, la creencia acaba almacenándose a lo largo de todo tu cuerpo. Y en lo que respecta a creencias, el cuerpo no reconoce la imposición consciente: reconoce el patrón instaurado.

Y aquí aparece un punto esencial:

  • Si crees que algo está fuera de tu alcance, tu cuerpo actuará como si fuera cierto.
  • Y si crees que eres capaz, tu cuerpo también actuará como si fuera cierto.

No porque la creencia “tenga razón” en sentido absoluto, sino porque tu organismo responde a la interpretación que tú sostienes.

Una creencia limitante reduce tu campo: te cierra, te tensa, te hace anticipar dificultad.

Una creencia expansiva abre tu campo: te permite respirar mejor, moverte mejor, percibir más opciones.

En otras palabras: La creencia no confirma la realidad; es tu realidad interna la que confirma la creencia.

Así que sí:

  • Si crees que puedes, tu organismo se organiza para que puedas.
  • Si crees que no puedes, tu organismo también se organiza para no poder.

No por magia. Por coherencia interna.

Una creencia limitante estrecha tu campo: ves menos, intentas menos y te sientes menos capaz.

Una creencia expansiva lo abre: percibes más opciones, te mueves con más libertad y todo se vuelve más manejable.

El molde no desaparece… se amplía contigo.

Transformar una creencia: sustituir, no luchar

Identificar, e incluso comprender una creencia no es suficiente para transformarla. Puedes saber de dónde viene, cuándo se instaló y qué efecto tiene en ti… y aun así seguir reaccionando igual. No es falta de voluntad: la realidad es que una creencia no se modifica desde la mente consciente, sino desde la experiencia que la reemplaza.

Una creencia se transforma cuando el cuerpo vive algo distinto a lo que llevaba años repitiendo.

No es cuando te lo dices, sino cuando lo experimentas. No cuando intentas “convencerte”, sino cuando generas una vivencia que contradice la versión antigua y da lugar a una nueva.

Aquí es donde la filosofía del Entrenamiento Cuántico cobra sentido.

No hablamos de técnicas sofisticadas, sino de algo mucho más básico y poderoso: repetición coherente, presencia corporal y experiencias que reescriben el código interno.

Piensa en este ejemplo: quizás has creído durante años que “te bloqueas bajo presión”. Cada vez que aparece una situación exigente, el cuerpo responde con esa misma sensación de cierre: respiración corta, hombros tensos, mente acelerada. En realidad, no es la presión puntual lo que te bloquea… es la creencia de que “cuando hay presión, yo fallo”.

Ahora imagina que, en uno de tus entrenamientos, decides mantenerte presente en ese instante. Respiras un poco más hondo, sostienes tu postura, regulas el ritmo y te permites continuar aunque la sensación inicial te diga lo contrario. De pronto descubres que puedes avanzar un poco más, que no te rompes, que tienes más margen del que pensabas.

En esos pequeños actos -esas microexperiencias distintas- grabas una nueva instrucción dentro de ti. El cuerpo registra algo nuevo. La mente subconsciente se abre a otro patrón. Y la creencia antigua empieza a perder fuerza porque ya no es la única referencia. Así es como se reescribe un código interno: no luchando contra la creencia antigua, sino sustituyéndola por una experiencia que vibra con tu versión actual. Con lo que eres en esencia más allá de lo que esos patrones pretenden demostrar.

Míralo así: Una creencia se sostiene por repetición… y solo se transforma por repetición coherente.

Abre espacio a una nueva forma de vivirte

Transformar una creencia no es cambiar una idea: es cambiar la base desde la que vives. Es permitir que tu experiencia empiece a contarte algo nuevo sobre ti y que tu cuerpo, tu mente y tu energía respondan desde una versión más auténtica.

Cada experiencia diferente, por pequeña que sea, abre una puerta. No para “pensar en positivo”, sino para crear una realidad interna más coherente y más amplia. Ahí ocurre el verdadero cambio: no en el pensamiento, sino en el fondo desde el que piensas.

Recuerda: cambiar una creencia es biología pura; es entrenar tu forma de habitarte, de sentirte y de interpretarte. No es un eslogan. Es integrar mente y cuerpo en una misma dirección.

 

Y esto es lo más valioso: cuando empiezas a sostener una creencia que te expande, todo en ti se expande con ella. Tu cuerpo, tu atención y tus decisiones entran en otro ritmo, en otra perspectiva, en otra posibilidad.


Román Castaño: roman.castano@live.com

La Observación Cuántica del Pensamiento

Introducción: Pensar también es crear

Cada pensamiento que elaboras deja una huella. No solo en tu mente, sino también en tu cuerpo y en el entorno. Desde la visión cuántica, el pensamiento es una forma de energía: una vibración que puede influir en la realidad. Cuando piensas, estás emitiendo señales que ordenan -o desordenan- tu campo energético.

Por eso, no es lo mismo pensar desde el miedo o la duda que hacerlo desde la calma, la confianza o el amor. Cada pensamiento tiene su frecuencia, y esa frecuencia interactúa directamente con la manera en que te sientes, actúas y conectas con los demás.

El pensamiento por tanto, se muestra como una frecuencia sutil y al mismo tiempo poderosa que influye tanto en tu biología como en la calidad de tus experiencias.

Si en los artículos anteriores abordamos la sensibilidad, la intuición o la emoción como expresiones de conexión con los planos más sutiles del ser, ahora observamos el pensamiento como el puente que une lo sutil con lo material. Es el puente entre la conciencia y la forma, entre la intención y la acción.

El pensamiento se elabora y ordena mentalmente a través de la palabra, del significado que otorgas con tu lenguaje.

Es por ello que lo consideramos la puerta a la manifestación. El pensamiento se organiza en palabra. Tu palabra genera tu realidad.

El pensamiento como puente entre energía y materia

En el paradigma cuántico, el pensamiento no se limita exclusivamente a un proceso mental, que obviamente lo es. Es una forma de energía organizada, una frecuencia que traduce información del campo cuántico hacia nuestra experiencia humana.

Podemos imaginar el pensamiento como un puente entre el mundo invisible de la conciencia y el mundo visible de la materia. Primero aparece una idea, una intención, una imagen. Luego, si la sostenemos con presencia, esa idea empieza a tomar forma: se convierte en palabra, y a partir de ahí, evoluciona en acción y en experiencia. Esto posibilita que nuestros pensamientos sean una herramienta poderosa de creación, de hecho, el paso inicial hacia la acción que crea la realidad.

Lo que mantenemos en la mente acaba reflejándose en nuestra vida de un modo u otro. Por eso, observar cómo pensamos es una forma de conocernos y de dirigir nuestra energía hacia lo que realmente deseamos. Por ejemplo, si cada mañana al despertar lo primero que aparece en tu mente es “va a ser un día pesado”, el cuerpo empieza a prepararse para el esfuerzo y la tensión. Pero si eliges observar ese pensamiento y sustituirlo por “hoy voy a avanzar con calma y claridad”, la respiración cambia, tu energía se relaja y todo el día se orienta desde otra vibración. En la experiencia posterior hay que seguir sosteniendo la vibración de esa nueva intención hecha pensamiento y palabra. Hay que avanzar con la acción coherente con lo expresado e intencionado. En ese paso mental, te decantas hacia una dirección.

La coherencia entre mente y corazón

La ciencia ha demostrado que el cuerpo responde a lo que pensamos. Cuando la mente se centra en pensamientos positivos o constructivos, el ritmo del corazón se vuelve más regular y armónico. Eso genera un estado de bienestar, claridad y equilibrio. De la misma forma, el corazón, a través de su campo electromagnético, también genera impulsos que la mente puede acompañar

Esa coherencia es armonía, es vida. Investigaciones como las del HeartMath Institute o los estudios sobre la coherencia cardíaca muestran la interacción entre pensamientos y emociones y los ritmos del corazón y del sistema nervioso.

Si el corazón tiene una enorme influencia -energéticamente demostrada- en el campo de influencia de tus pensamientos mentales, el camino de vuelta también dirige la experiencia. Acompaña a tu sentir del corazón con la mejor versión de ti expresada en palabras. Ahí está la coherencia. Ahí radica la responsabilidad de hacerte cargo de tu experiencia.

El entrenamiento cuántico trabaja precisamente esta coherencia. A través de la respiración, la atención y el movimiento, aprendemos a unir mente y cuerpo en una misma dirección. Pensar desde el cuerpo -y no solo desde la cabeza- nos ayuda a sentir lo que pensamos y a pensar lo que sentimos.

Pensamiento, observación y creación

Pensar es observar. Cada pensamiento actúa como un colapso de onda, una elección que trae una posibilidad a la existencia. El campo cuántico ofrece infinitas opciones; la mente, al enfocarse, selecciona una de ellas.

Si habitas la realidad desde el pensamiento automático, la elección sigue el automatismo. Repites patrones, revives las mismas emociones y proyectas las mismas historias. Ese automatismo es útil para muchas tareas cotidianas, y te ayuda a llevar a cabo labores de interacción y supervivencia sin emplear un exceso de energía. Así actúas al conducir al trabajo de forma automática, mientras ocupas tu mente con otros aspectos sin que te evadas totalmente del volante. Actúas en piloto automático, y te sirve.

Por otro lado, cuando el pensamiento se vuelve consciente, cuando lo acompañas con presencia y atención vibracional, se transforma en acto creador.

Determinar cunado dejar la experiencia a la parte automática y cuando tomar consciencia creadora te aporta el equilibrio necesario para vivir tu día a día en armonía. No necesitas recoger tu habitación poniendo una atención especial a cada detalle, simplemente satisfaces una tarea. No te reconoces en una conversación profunda, que te toca, elaborando tu discurso de forma automática. Te disocias de quien eres. En cierta forma, te sustituyes por una dinámica inconsciente.

Hay muchas maneras de tomar consciencia de cómo pensamos, podemos elegir entre múltiples opciones: visualizaciones, yoga, Taichi… en cualquier caso, la capacidad de anclar nuestra intención al organismo a través del movimiento, se transforma en una herramienta muy poderosa.

En la práctica, desde el entrenamiento cuántico, esta observación se entrena a través de gestos y rutinas sencillas, veamos algunos ejemplos:

  • Respirar con atención cuando aparece un pensamiento repetitivo. Tomar un movimiento concreto de ancla cuando lo redirigimos.
  • Elegir una frase o un mantra que represente la dirección que queremos dar a nuestro día. Potenciarla en el calentamiento de nuestra sesión inicial de entrenamiento matutina.
  • Asociar el movimiento del cuerpo con una intención clara: caminar con un ritmo concreto, una respiración acompasada y unos comandos que implementen la intención que quiero transmitir a mi organismo a través del pensamiento.

Pensar con conciencia

Abrimos paso al tratamiento que vamos a dar a las creencias en el próximo artículo. Con el tiempo, los pensamientos que repetimos se convierten en creencias. Estas creencias se instalan en nuestra psique. Hemos visto que los actos automáticos se basan en pensamientos automatizados que hemos ido insertando en nuestro día a día. De ahí a generar una creencia automática solo necesitas la repetición constante. Tu mente racional puede olvidar un pensamiento, pero tu cuerpo energético -y biológico- lo conserva en forma de frecuencia, y se instala tu creencia. De eso hablaremos en el próximo artículo.

Por eso, observar cómo piensas es también una forma de reprogramar tu mente. Cuando elegimos pensamientos coherentes, no solo cambiamos nuestra actitud: cambiamos la vibración que emitimos al mundo. Pensar con conciencia es un entrenamiento diario. No se trata de controlar la mente, sino de acompañarla.

El control total y absoluto puede resultar agotador.

Sin embargo, si dejas espacio a que las ideas pasen, sientes cómo resuenan en el cuerpo y eliges las que te acercan a la calma, el cambio es más importante de lo que puede parecer. Míralo así: cada pensamiento consciente es una oportunidad de reprogramación vibracional. Al mantener pensamientos coherentes y presentes, deshaces los patrones que sostenían emociones repetitivas o densas. Lo que antes era automático, se convierte en elección. Lo que antes era ruido mental, se convierte en claridad. No se trata de juzgarte cada vez que entres en patrones inconscientes y repetitivos. Se trata de darte cuenta y hacer pequeños cambios en tu actividad mental.

No busques el resultado, observa el camino.

Aplicación práctica: entrenar la mente vibracional

Atender el pensamiento no significa dominarlo completamente, sino escucharlo desde otro plano de conciencia. Está comprobado cómo las frecuencias cerebrales medidas en Herzios predisponen a diferentes estados de actividad. Las frecuencias más lentas y con mayor amplitud de onda predisponen al descanso, la calma y la regeneración. Las frecuencias más rápidas y con menor amplitud de onda, a la acción y a la resolución. La clave está en habitar mentalmente la zona mental que tu presente te requiere.

En las sesiones de entrenamiento cuántico se proponen ejercicios sencillos pero profundos para cultivar esta habilidad:

  • Observar los pensamientos sin identificarse con ellos. Reconocer su tono, su vibración, y cómo se reflejan en el cuerpo.
  • Respirar con el pensamiento, sincronizando mente y ritmo cardíaco.  Al inhalar, recibir; al exhalar, soltar.
  • Elegir pensamientos de alta frecuencia. Repetir internamente comandos vibracionales que expandan la energía: amor, gratitud, confianza. Utilizar los arquetipos que comentamos en el artículo dedicado a ellos es una buena herramienta.
  • Integrar movimiento consciente. Caminar, correr o practicar una sesión de fuerza, asociando cada gesto a una intención mental. Así, el pensamiento se convierte en movimiento energético.

Con la práctica, la mente deja de ser una fuente de dispersión para convertirse en un canal de coherencia y creación. Cuando el pensamiento se alinea con la conciencia, se disuelven las fronteras entre lo que imaginas y lo que vives.

Conclusión

El pensamiento es el traductor entre el lenguaje de la conciencia universal y la experiencia humana.

Es el punto donde la energía se organiza para tomar forma, y por tanto, el espacio donde comienza toda creación. Antes del pensamiento y de la palabra está el caos: un estado útil y poderoso. Desde el pensamiento y la palabra dirigimos la intención dentro de las posibilidades del caos.

Entrenar el pensamiento es entrenar la realidad. Aunar corazón y mente es el mejor método. Cuando aprendemos a pensar desde el corazón, el pensamiento deja de ser ruido mental y se convierte en lenguaje vibracional del alma.

Cada pensamiento consciente es una chispa de creación. Cuando la mente se aquieta, la conciencia crea.

La Observación Cuántica de la Emoción

La visión cuántica de las experiencias humanas sugiere, tal y como hemos visto en anteriores artículos, que nuestra conciencia no es solo individual. Las emociones y pensamientos que experimentamos están influenciados por el entorno y la comunidad en la que vivimos. La mente no funciona de manera aislada, sino como parte de una red de conexiones e interacciones que moldean nuestra percepción del mundo.

La conciencia colectiva nos invita a ver nuestra identidad no como algo separado, sino como parte de una energía compartida que une a todos los seres. Lo que pensamos y cómo interactuamos con los demás influye en la manera en que comprendemos la realidad.

La emoción como experiencia opera en un nivel vibratorio moderado-alto, especialmente cuando se trata de emociones positivas como la gratitud, el amor y la compasión.

Al mismo tiempo es una herramienta clave para transcender el plano puramente material e interactuar con los niveles superiores de conciencia. Actúa como un puente entre el pensamiento racional y las experiencias más sutiles, como la intuición y los arquetipos, que también hemos descrito previamente.

Consideramos las emociones como expresiones de un campo cuántico más amplio, más allá de reacciones químicas en nuestro cuerpo (la cual cosa también es obvia), de tal forma que se convierten en experiencias que conectan la mente y el cuerpo.

La Experiencia de la Emoción en el humano

Tomando como referencia al Dr. Amit Goswami, entendemos nuestras emociones como manifestaciones de un campo cuántico más amplio, donde cada sentimiento puede transformarse y resonar con la vibración del universo. Las emociones son energía en movimiento, algo que vibra en un espacio no solo físico, sino también espiritual, lo que provoca que cada emoción sea única y dinámica. De esta manera, si somos capaces de reconocer la interconexión entre nuestras emociones y nuestro estado de conciencia, podemos empezar a adoptar un enfoque más proactivo hacia nuestra salud emocional y bienestar, permitiéndonos trabajar con las emociones en lugar de reprimirlas o ignorarlas. Esta visión destaca la importancia de comprender que nuestras experiencias emocionales no son simples, sino complejas interacciones de energía y conciencia, ofreciéndonos una poderosa herramienta para observarnos a través de ellas, y permitiendo la transformación tanto individual como de nuestro entorno.

En este sentido, las emociones vibran a frecuencias más altas que el pensamiento racional y la sensibilidad física, y pueden elevar la energía personal hacia estados superiores de conciencia. Pero al mismo tiempo, las emociones negativas, como el miedo o la ira, tienen una vibración más baja que puede limitar la conexión con niveles trascendentales.

Una vez más, la interacción y la experiencia se hace más positiva y profunda cuanto más nos acercamos a las experiencias agradables.

Ello no impide observar y percibir la experiencia de emociones desagradables, ahí está el reto de la observación y la trascendencia.

Características de la Experiencia de la Emoción

  • La emoción es Subjetiva y Sensorial: La emoción no está ligada a la lógica, sino a la percepción subjetiva y a como cada individuo interpreta un estímulo interno o externo. Aquí tenemos una clave importante que desarrollamos en el siguiente punto, que vincularemos con el anterior artículo relacionado con la sensitividad humana.
  • También es Energética y Dinámica: Cada emoción tiene una carga energética que afecta directamente tanto al cuerpo como a la mente. Las emociones positivas elevan la frecuencia vibratoria, mientras que las negativas la disminuyen. La idea es utilizar ese dinamismo a favor del restablecimiento de nuestro flujo natural de energía vital.
  • Está íntimamente conectada al cuerpo físico: Las emociones tienen manifestaciones físicas, como cambios en la respiración, la frecuencia cardíaca y la tensión muscular.
  • Normalmente es una experiencia transformadora: Las emociones pueden generar cambios profundos en los estados de conciencia, conectando el plano material con el espiritual.

Relación entre emoción y energía vital

Las emociones no son únicamente respuestas psicológicas y fisiológicas, también tienen una dimensión energética. Son expresiones de energía que fluyen a través del cuerpo de energía vital, un campo invisible pero fundamental que sustenta el bienestar físico, emocional y espiritual. Este cuerpo energético, a menudo relacionado con conceptos como los chakras en las tradiciones orientales, actúa como un puente entre la mente y el cuerpo físico.

El cuerpo de energía vital funciona como un sistema de flujo, en este sentido explicamos en el artículo IV la capacidad de percibir movimientos en ese flujo energético individual, que, aunque interactúa con el entorno, nutre a través de su naturaleza y coherencia a nuestro organismo.

Retomamos el esquema que utilizamos en su momento para ilustrar la relación entre Sensitividad, Cuerpo de energía vital y Emoción.

En este sentido, una emoción sería una experiencia en la que asociamos una percepción de movimiento en nuestro flujo de energía vital, al recuerdo asociado que almacenamos en la memoria sobre esa percepción.

Por ejemplo, retoma esa sensación de vacío momentáneo, como si tu cuerpo quedara suspendido por un instante, mientras tu estómago parece flotar dentro de ti, que experimentas cuando hay un cambio súbito de velocidad.

Esa sensación es neutra, es la percepción real del cambio de velocidad que experimentamos a través de nuestros sentidos y nuestra energía vital.

Si esa sensación la asociamos al recuerdo de una caída en bicicleta, la experiencia emocional puede ser desagradable; si la asociamos al recuerdo de estar con nuestros amigos en un parque de atracciones puede ser muy agradable.

¡Y aquí tenemos nuestra capacidad mental para reconducir los flujos energéticos!

Cabe destacar que cuando una emoción no se procesa adecuadamente, puede alterar el flujo energético, manifestándose en tensiones físicas o malestar emocional. Por ello cabe atender y poner conciencia a las emociones.

Lógicamente, es más fácil atender las positivas como el amor y la gratitud, puesto que generan patrones vibratorios fluidos y armoniosos con nuestra propia coherencia energética.

Se siente igual de importante atender las emociones negativas como el miedo o la ira ya que crean bloqueos y desequilibrios energéticos, interactuando de forma no coherente con nuestro flujo natural.

Limitaciones de la Experiencia de la Emoción

Narramos algunos ejemplos relacionados con la desatención a la experiencia emotiva:

  • Volatilidad: Las emociones pueden ser inestables y momentáneas, lo que dificulta su uso continuo como fuente tanto de reequilibrio energético como de conexión espiritual. Ejemplo: La alegría intensa puede ser temporal y fácilmente reemplazada por la frustración ante un problema.
  • Posibilidad de bloqueo energético: Hemos comentado que las emociones negativas, como el miedo o la ira, pueden bloquear la elevación vibratoria, limitando el acceso a niveles superiores de conciencia. Ejemplo: Una situación de estrés prolongado puede generar estancamiento emocional.
  • Subjetividad excesiva: Las emociones a veces tienden a distorsionar la percepción objetiva, lo que puede dificultar la toma de decisiones cuando requerimos de una implicación racional. Ejemplo: La tristeza puede generar un sesgo en el juicio, haciendo que algo parezca peor de lo que realmente es.
  • Dependencia externa: Algunas emociones dependen de estímulos externos, lo que puede generar poca solidez en el mantenimiento de la experiencia esos estímulos no están disponibles. Ejemplo: La felicidad basada en la aprobación externa puede ser limitada y frágil.

Por todo ello, la propuesta siempre se basa en atender la emoción como herramienta para utilizarla a nuestro favor, independientemente de que sea más o menos agradable.

Utilidades de la atención a Experiencia de la Emoción

Narramos algunos ejemplos de atención a la experiencia emotiva:

  • Elevación vibratoria: Atender conscientemente las emociones positivas, como el amor y la gratitud, se convierte en una herramienta poderosa para elevar la frecuencia vibratoria y conectar con niveles superiores de conciencia. Al mismo tiempo nos permite conectar con la parte más elevada de nuestro flujo y de nuestro ser. Ejemplo: Practicar la gratitud de forma consciente y diaria puede generar un estado de conexión con la parte más sutil de nuestra naturaleza y con nuestro entorno cercano, incluso facilitar la percepción con el campo cuántico.
  • Facilitación de la intuición: La emoción prepara el terreno para la intuición, creando una apertura que permite captar verdades más profundas o sutiles. No olvidemos que la emoción proviene (o puede provenir) de la percepción sutil de un movimiento en el campo energético, y ello se relaciona con la experiencia intuitiva que también va más allá de los sentidos físicos. Ejemplo: La experimentación consciente de empatía por alguien (piensa en una conversación con un niño), permite tener un acceso a la información sutil que abre el acceso a la intuición y la información sobre sus necesidades.
  • Impulso de acciones creativas: Las emociones son motores de la creatividad; no importa si son agradables o desagradables, los desengaños amorosos, por ejemplo, pueden ser fuentes de inspiración muy fértiles. Cualquier tipo de experiencia de pasión puede inspirar la escritura, u otra acción inspirada a través de esa emoción. La creación de arte o nuevos proyectos, son también impulsados en muchos casos por emociones que identificamos y atendemos conscientemente. Ejemplo: En general, el entusiasmo por un tema específico puede conducir a la generación de ideas innovadoras.

Integración emocional y energética

Las emociones no solo influyen en nuestra mente, sino también en nuestro cuerpo y energía vital. Según Amit Goswami, desarrollar una percepción consciente de estos movimientos energéticos permite comprender su impacto y promover un equilibrio interior.

  • La conexión entre cuerpo, emoción y energía. Las emociones generan sensaciones físicas como calor, presión o vibraciones, que indican cambios en la energía vital. Por ejemplo, sentir calor en el pecho al experimentar alegría refleja una expansión energética en esa área. A su vez, prestar atención a zonas de tensión, como la opresión en el abdomen, puede revelar bloqueos emocionales relacionados con el miedo o la inseguridad, tal y como hemos ido narrando previamente.
  • Impacto de la integración emocional. Procesar y liberar emociones conscientemente permite alcanzar un flujo energético equilibrado, favoreciendo el bienestar. A través de emociones positivas, es posible elevar la vibración energética, conectando con niveles superiores de conciencia. Además, transformar emociones negativas en positivas mediante el perdón, la gratitud o la meditación purifica el cuerpo vital y restablece su equilibrio natural. Ambas caras de la moneda agradable / desagradable son herramientas útiles para equilibrar nuestro flujo energético. Quizás no podemos estar siempre en estados elevados -por tanto agradables- de emoción, pero sí utilizar a nuestro favor esas experiencias.
  • Prácticas para armonizar emociones y energía vital. La mejor opción es ir moldeando nuestra propia práctica y atención a nuestros flujos. La propia toma de consciencia con relación a nuestro flujo, la dinámica constructiva de dedicar tiempo a observarnos puede ser la mejor opción. Aun así, podemos exponer algunas de las herramientas más utilizadas y conocidas.
    • Meditación y visualización: Concentrarse en los chakras y visualizar el flujo energético ayuda a liberar bloqueos y fomentar emociones positivas.
    • Respiración consciente: Técnicas como la respiración abdominal profunda facilitan la liberación de tensiones y estimulan el movimiento energético.
    • Movimiento físico consciente: A parte de las típicas actividades como el Yoga, Tai Chi, Chi Kun (…) la realización de prácticas deportivas que nos satisfagan como correr, nadar (…) de forma consciente asociada a cada movimiento también permite fortalecer la armonía entre cuerpo, emoción y energía vital.

La Observación Cuántica de la Intuición

«La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y ha olvidado el regalo.»

Albert Einstein

La intuición puede definirse como la habilidad para comprender o conocer algo de manera inmediata, sin necesidad de razonamiento consciente. Es, en esencia, un «sexto sentido» que nos permite tomar decisiones rápidas -a veces basadas en experiencias y conocimientos previos- que nuestro cerebro procesa de forma inconsciente.

Este concepto se conecta con lo que comúnmente llamamos «corazonada». Al dejarnos guiar por el corazón, prestamos atención a un foco de información más ligado a los sentidos internos que a los aspectos exclusivamente perceptivos o racionales. La corazonada, como una manifestación de la intuición, puede entenderse como una «intuición instantánea» que surge de manera puntual.

Desde una perspectiva más amplia, la intuición podría considerarse como una experiencia en la que conectamos con una información que trasciende lo accesible a través de los sentidos físicos o de las experiencias almacenadas en la memoria. Es una puerta hacia un conocimiento más profundo, sutil y personal.

La Visión Clásica de la Intuición.

«La intuición es algo muy poderoso, más fuerte que el intelecto, en mi opinión. Eso ha tenido un gran impacto en mi trabajo.»

Steve Jobs

A lo largo de la historia, la intuición ha sido valorada de diversas maneras, concediéndosele una mayor o menor importancia en función del contexto cultural y filosófico.

  • Platón: Consideraba la intuición como una forma superior de conocimiento, una herramienta que permitía al alma captar directamente las ideas eternas y la realidad más allá de los intermediarios perceptivos.
  • Santo Tomás de Aquino: Compartía una visión similar, aunque entendía la intuición como un don otorgado por lo divino, un acceso directo al conocimiento trascendental.
  • René Descartes: Definió la intuición como un conocimiento claro y distinto que no requiere razonamiento, destacando su importancia en la búsqueda de certezas absolutas.
  • Carl Jung: En la psicología moderna, Jung incluyó la intuición como una de las cuatro funciones psicológicas principales junto con el pensamiento, el sentimiento y la sensación. La consideraba una herramienta para conectar con el inconsciente y percibir verdades invisibles.

En todas las visiones se percibe una capacidad de traer a lo consciente aquello que viene de lo inconsciente.

La Intuición. Una aproximación cuántica.

«La intuición es como un músculo: cuanto más la escuchas y actúas según ella, más fuerte se vuelve.»

Sonia Choquette

Desde una perspectiva cuántica, la intuición se percibe como una experiencia de conexión -más o menos fugaz- con la información presente en el «Campo», el tejido energético que conecta todo el cosmos. Según esta visión, accedemos a dicha información a través de una resonancia vibratoria que ocurre cuando nuestra mente se sincroniza con esta energía sutil. Conectamos con la información que es coherente a nivel vibracional con nuestra propia vibración.

Desde esta visión, la Intuición se caracteriza por los siguientes aspectos:

  • Naturaleza: La intuición suele surgir de forma espontánea y aparentemente aleatoria. Sin embargo, entrenarla conscientemente puede fortalecerla y hacer esta experiencia más constante y consistente cuando aparezca. Cuanto más profundizamos en nuestro ser y cultivamos la atención plena, más reveladoras y frecuentes son las experiencias intuitivas.
  • Frecuencia Vibratoria: La intuición opera en un plano de alta frecuencia vibratoria, trascendiendo los sentidos físicos y conectándonos con la creatividad y la inspiración. Hemos explicado en otros artículos, que una mayor sutilidad implica una mayor frecuencia de vibración. Este fenómeno no depende de los procesos fisiológicos habituales, sino de una sintonía energética. Participar activamente en estados de alta vibración -como la gratitud o la alegría- facilita la aparición de experiencias intuitivas.
  • Aparición puntual y en estados vitales concretos: Las intuiciones suelen manifestarse en momentos de calma y relajación, cuando reducimos la actividad mental intensa y bajamos nuestra exigencia racional. En cierta forma, el “quitar” atención a la elaboración mental-racional, permite la apertura a esta experiencia. Es por esto que actividades como meditar, caminar en la naturaleza o estar inmersos en tareas creativas (dibujar, escribir, etc.) suelen propiciar estados óptimos para la intuición.

En estos estados de absorción, donde estamos presentes en una tarea concreta y conectados con el momento, se crea un espacio para que la intuición emerja de manera natural, como un flujo de información de claridad entre el ruido mental.

La Experiencia Intuitiva. El puente hacia la Creatividad y los Arquetipos fundamentales.

«La intuición es la puerta de entrada a la creatividad cuántica; es el vínculo entre nuestra mente consciente y el campo infinito de posibilidades que ofrece la física cuántica.»

Amit Goswami

A través de Amit Goswami, explicamos la experiencia intuitiva como una forma de conectar con los Arquetipos Universales y, de forma subyacente con la Cosnciencia Universal, los cuales explicamos en el segundo y tercer artículo de esta serie.

Estos arquetipos representan ideales universales como la verdad, la belleza, la justicia y el amor, entre otros. La intuición actúa como un puente que nos permite acceder a estos arquetipos, trascendiendo las limitaciones del pensamiento lógico y racional.

De hecho, según esta visión, podemos validar una intuición cuanto más la identifiquemos con alguno de los arquetipos fundamentales. Si una intuición se alinea con ideales universales como la verdad o la justicia, es más probable que esté reflejando una conexión genuina con la conciencia universal, en lugar de ser un simple impulso emocional subjetivo y pasajero.

Para Goswami, la conexión entre la intuición y los arquetipos no es solo una herramienta práctica, sino también una manifestación de la evolución de nuestra conciencia.

Este puente lo podemos observar desde las dos ópticas expuestas:

  • La conexión con el Arquetipo. La mente intuitiva capta patrones que existen en la conciencia universal y los «traduce» en ideas, corazonadas o percepciones para la mente consciente. Así, la intuición nos conecta con patrones y significados más profundos que no siempre son evidentes a través del análisis consciente. Es como si nuestra mente intuitiva pudiera «sintonizar» con esta conciencia universal para conectar con esos aspectos más fundamentales.
  • La conexión con la Creatividad. La intuición sería el punto de partida de la creatividad porque nos permite acceder a ideas y significados que no están disponibles a través del pensamiento lógico o convencional.  De esta forma nos permite captar nuevas ideas y significados que trascienden el pensamiento convencional. Se entiende la creatividad como el resultado de un “salto cuántico” en la mente. Este salto es intuitivo y nos lleva de un estado de comprensión limitado a una idea o solución completamente nueva e innovadora.

El Entrenamiento de la experiencia Intuitiva.

«El conocimiento no basta; debemos aplicarlo. La voluntad no basta; debemos hacer.»

Carl Jung

Vamos a mirar propuestas que permitan aportar solidez y coherencia a nuestras experiencias, con el objetivo de manejarnos desde una mayor certeza.

  • Momentos de Silencio y Reflexión

Dedica tiempo diario a estar en silencio, ya sea a través de la meditación, la atención plena (mindfulness) o simplemente desconectando de las constantes distracciones externas. “Más sentir, que pensar” en esa especie de mirada a nuestro estado interno más allá del recuerdo sobre las experiencias más recientes vividas.

Cultivar una especie de silencio activo, que rebaje el ruido mental y permita aflorar la información sutil vinculada a la intuición.

  • Prestar Atención a las Corazonadas

Da espacio a las corazonadas permitiendo dejar que su efecto tenga un mínimo recorrido, sin ser dirigidas por la influencia del raciocinio, especialmente si es desde ese estado de “piloto automático” que tanto utilizamos en el día a día.

Inicialmente esta apertura permite actuar sobre ellas en situaciones pequeñas y manejables. Esto fortalecerá la confianza en la intuición, porque le habremos dedicado el tiempo y atención a su utilidad y significado.

De esta forma, podemos avanzar en corazonadas que se sitúen en un contexto de mayor importancia o recorrido vital.

  • Incorpora la Creatividad en tu Rutina

Dedica un tiempo mínimo a actividades creativas que permitan explorar ideas nuevas y conectar con los arquetipos. La creatividad fomenta una conexión más profunda con la intuición. Resta tiempo a la parte automática que te genera la interacción social a través de dispositivos, escribe -a mano un diario, una reflexión del día, la frase de una canción, un momento concreto- pinta, cocina, dibuja (…) realiza cualquier actividad en la que adaptemos el ritmo a nuestro estado. Sin atender demasiado al resultado… lo importante es el proceso.

  • Evalúa Tus Decisiones desde los Arquetipos

Antes de tomar decisiones importantes, o de actuar en una dirección concreta ante una situación -en esos momentos relacionados con el silencio activo que antes comentábamos- pregúntate si las propuestas se alinean con los arquetipos fundamentales. Valora la idea de la cual participas ante esos arquetipos que se convierten valor en tu ser. Si estás decidiendo un cambio, toma conciencia sintiendo si esa decisión se alinea con tus valores más genuinos, si encaja en tu esencia. Eso se siente más que se piensa. Percibe si esa actuación te lleva hacia una experiencia de vida más grande.

  • Confía en el Proceso

Como cualquier otra habilidad tanto física como mental, la intuición y la conexión con los arquetipos son habilidades que se desarrollan con el tiempo, usándolas y poniéndolas en práctica. Experimentar y ver que no siempre conectamos de la forma que nos gustaría es parte del proceso, disfrutar y tomar las situaciones como un juego del ser ayuda a esa conexión. Ser paciente, disfrutar del viaje y no frustrarse, una vez más, son las claves para la optimización de la experiencia.

No es una obligación extra, es una herramienta para mejorar tu vida, no lo olvides.

La Observación Cuántica de la Sensibilidad

El movimiento ondulatorio del cosmos, en términos de expansión, interacción y equilibrio se ha demostrado y comprobado de una forma cada vez más precisa desde el siglo XX. En la actualidad, los avances tecnológicos y los instrumentos de recogida de datos permiten una confirmación cada vez más exacta de muchas de las teorías que el propio Nicola Tesla, Jacobo Grinberg u otros autores describieron con una maestría y genialidad muy adelantada a sus épocas.

En esta era de cambios -la mayoría tecnológicos y de capacidad de acceso a la información- se siente necesario (o, como mínimo coherente) hacer una propuesta de recalibración humana, personal.

La velocidad del ritmo de vida sugiere que la interacción cotidiana con tantos tipos de inteligencia se equilibre con la conexión con nuestra esencia, nuestro ser profundo, esa parte que todos albergamos en el interior. La propuesta pasa por permitirnos soportar la polaridad entre el mundo de la estimulación infinita y ese mundo interno que pide su propio ritmo esencial.

Una cosa está clara: La cantidad de información disponible, así como de propuestas de áreas de trabajo es inabarcable si no ponemos un criterio. Y cada vez más.

Tiene sentido, por tanto, adecuar la capacidad de acceso a la información y equilibrarla con la capacidad de percepción de los movimientos energéticos y la interacción con el entorno.

Calibrar un filtro que nos permita discernir qué nos puede resultar útil, qué está alineado con nuestro momento, y qué no.

La Visión Clásica de las Capacidades Perceptivas.

Comencemos con la visión de las capacidades perceptivas referidas a experiencias que percibimos, integramos y dotamos de significado a través la memoria y las capacidades sensoriales y mentales.

  • La Sensibilidad: En términos clásicos, se refiere a la capacidad de un ser vivo para percibir y responder a estímulos externos o internos. Esta capacidad se manifiesta en diferentes niveles:
    • Físico: La capacidad de detectar cambios en el entorno a través de los sentidos, como la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato.
    • Emocional: La habilidad de experimentar y responder a emociones, tanto propias como de otras personas.
    • Sensorial: La percepción de estímulos específicos a través de otros órganos sensoriales, como la sensibilidad al dolor, la temperatura, o la presión.
  • El Sentimiento: En términos clásicos, un sentimiento es una experiencia afectiva o emocional que se produce en respuesta a estímulos internos o externos. A diferencia de las emociones, que suelen ser más intensas y de corta duración, los sentimientos son más duraderos y reflexivos.
  • La Sensitividad: En términos clásicos se refiere a la capacidad de sentir como sinónimo de experimentar sensaciones. Esta capacidad queda íntimamente ligada por tanto, al sentimiento, y podríamos decir que se erige como la experiencia que precede a la elaboración mental de éste.

La Sensitividad Cuántica: La Capacidad de percibir los movimientos energéticos.

En realidad, siguiendo los parámetros de la ciencia cuántica podemos tener acceso a experiencias de captación de energía que van más allá de las propias capacidades perceptivas, y que tiene que ver con capacidades extrasensoriales.

Estas capacidades se están manifestando continuamente, no se desconectan al cerrar los ojos o al dormir, y se erigen como la base de nuestra capacidad de relación con el entorno.

Vamos a definir una serie de conceptos que nos acerquen a la visión cuántica de las percepciones.

  • La Energía Vital: Procediendo de la consciencia cuántica, la energía vital emerge como la manifestación activa y dinámica de esta energía universal. Esta energía vital insufla vida en los organismos, apoyando y regulando todas las funciones biológicas y emocionales. Es la corriente esencial que permite la existencia y el bienestar de los seres vivos. Cuando perecemos como seres vivos físicos, dejamos de formar parte indivisible de esa energía vital.
  • Los Campos Mórficos o Campos Morfogenéticos: Podríamos decir que, dentro del flujo de la energía vital, los campos mórficos desempeñan un papel crucial y específico al proveer la información necesaria para la organización y especialización celular. Estos campos guían el desarrollo y la función de las células, asegurando que se diferencien correctamente y desempeñen sus roles específicos en los órganos y sistemas del cuerpo.

Este concepto fue desarrollado por el Biólogo Rupert Sheldrake y explica por qué, en un momento dado del crecimiento embrionario, las células comienzan a replicarse con una especificidad para realizar funciones concretas y diferenciadas dentro del organismo.

Los Campos Mórficos son capaces de transmitir los movimientos del cuerpo de energía vital al organismo físico. Las zonas donde esas percepciones colapsan entre lo energético y lo corpóreo son los famosos Chakras.

  • La Sensitividad Cuántica: Esta idea o concepto de nuevo acuño, sugiere que nuestros sentimientos y emociones son manifestaciones de movimientos energéticos en el campo cuántico, y que somos capaces de percibir estos movimientos debido a nuestra conexión con la conciencia universal. Si nos vamos a la parte de nuestra experiencia individual relacionada con la unión a nuestro organismo, podríamos hablar de la capacidad de apreciar movimientos en nuestro cuerpo de energía vital, de forma que somos sensibles -sensitivos- a esos cambios que se dan.

Podemos decir, que el movimiento energético que somos capaces de percibir, se manifiesta casi al unísono con la percepción corporal que se genera en la unión del campo mórfico con nuestro organismo.

El Movimiento energético es neutro, mientras que en la manifestación a través de lo físico se suele mezclar con las respuestas condicionadas almacenadas en nuestro cerebro a través de la memoria, de tal forma que una percepción concreta, parece aportar un significado (Condicionado) concreto por la asociación que hacemos hacia nuestras experiencias previas.

En el siguiente apartado explicamos de qué forma se opera, desde la aparición del movimiento en el flujo vital, hasta la elaboración de una experiencia corpórea, la cual relacionamos con un pensamiento y emoción concretos.

El Proceso Perceptivo Cuántico: La Transducción Energética.

Este proceso de identificación, percepción y asociación a una respuesta de pensamiento y emoción concreta se da prácticamente en sincronicidad, aún así, tenemos la capacidad de identificar el movimiento energético originario del proceso.

Amit Gotswami explica que, desde el punto de vista de la sensibilidad humana, cuando sentimos (experimentamos la sensitividad cuántica), estamos identificando movimientos en el cuerpo de energía Vital, y de forma asociada, nuestros órganos se encargan de que percibamos ese movimiento, en el organismo, puesto que, como hemos visto, su funcionamiento se encuentra estrechamente vinculado a este flujo energético.

Interrelación entre los conceptos de Sensitividad, Percepción, Pensamiento y Emoción
  • Sensitividad Cuántica: A través de esta capacidad percibimos como la energía ambiental, las radiaciones electromagnéticas y las diferentes frecuencias vibratorias que se proyectan en el campo cósmico interactúan con el cuerpo de energía vital. De esta forma, se altera el flujo de energía interna a través del entorno. Es en ese momento donde tenemos la capacidad de determinar cómo interactuar entre nuestra energía esencial y el movimiento energético que se inicia. Si no tomamos consciencia, no afinamos esa antena, entramos en un proceso de asociación automática basado en las experiencias previas.
  • Percepción a través del Campo Mórfico: En un proceso prácticamente al unísono, ese movimiento genera una estimulación en nuestro sistema nervioso. Percibimos estos cambios desde el cuerpo vital y comienzan a procesarse en el cuerpo físico a través de los Chakras. Esta identificación puede ser consciente o subconsciente.
  • Intervención de la Memoria Racional: El cerebro racional empieza a buscar asociaciones lógicas y experiencias previas similares para interpretar el cambio energético y la sensación corporal. Se activa una significación que tiene mucho que ver con las vivencias y recuerdos almacenados en la mente racional.
  • Intervención de la Memoria Emocional: La memoria emocional agrega una capa de interpretación basada en experiencias pasadas, convirtiendo la sensación corporal en un sentimiento -emoción- específico.

Ámbito de intervención cuántica: Identificación de la raíz del Proceso.

¿Por qué se dice que la emoción es la clave para centrarnos en nuestro cuerpo energético? ¡Porque si hacemos, a través de la visualización y la consciencia el proceso inverso, podemos llegar a la identificación del movimiento energético causante de todo ello, es decir, al movimiento inicial!

Todos hemos sentido la emoción de apertura a una vinculación e intimidad con otra persona. Vamos a explicar el camino “de vuelta” para ir afinando la antena de la sensitividad cuántica.

Recorrido consciente para identificar el movimiento energético causante de la emoción.
  • Si eres capaz de identificar, de sentir el movimiento de la energía vital, entras en una vinculación más estrecha entre la parte energética y la manifestación -tanto física como mental- de tu realidad en su flujo constante de acontecimientos.
  • Si no te sientes especialmente adiestrado en este arte, no te preocupes, ¡perteneces al club más numeroso! la buena noticia es que siempre puedes identificar la emoción causada y deshacer el camino de migas que deja tu caperucita roja energética en su recorrido, puedes rastrear hacia atrás el recorrido. La Figura 2 explica el cómo.
  • Puedes entender la importancia que tiene el camino tanto de ida como de vuelta, si, en un momento dado potencias una emoción, esta influye directamente en una zona corpórea concreta, y podemos tomar conciencia de la relación que existe entre ese estado anímico y el funcionamiento de nuestro organismo. Esto es especialmente importante cuando nos referimos a la sintomatología asociada a emotividad y sensibilidad, por ejemplo, en el desarrollo de una patología.
  • Así, cultivar, entrenar, poner atención a cualquiera de las fases del proceso, te va a permitir la identificación -así como la intervención consciente- en la interrelación entre todos los elementos de la ecuación. Vas a poder poner consciencia en base a tu entrenamiento del sentir; este proceso, posiblemente no se cree de un día para otro, pero, una vez más, a mayor práctica, mayor avance.